LETRAS:La muerte incapaz

Para Dinko, en abrazo
Por Jorge Nuñez
¿Quién oye a los peces cuando lloran? Esta es una de las preguntas que han brotado de mi tristeza al tocar con el dedo la ausencia de Dinko, quien me dejó en el verano del 2010 un libro para que pensara, para que reflexionara sobre los aspectos aparentemente más cotidianos de la vida. Detrás de frases, ejemplos, comentarios, el poeta psicólogo escondió ideas como cuchillas, palabras que son bombas unipersonales. Entre la Naturaleza y el pensamiento, entre el hombre y la sociedad, el poeta, el comunista filoso, me adentró en el bosque de las sensaciones, me llevó por esos campos donde la soledad es el refugio, donde la belleza está en cada rama, en cada hoja. Unió, así, la idea de Naturaleza con el ideal de sociedad, hizo de él un hombre, un buscador de tesoros en la inmensidad de su propio interior. Con las palabras más sencillas, con las ideas aparentemente más simples desgranó verdades, me transmitió una inquietud que me obliga a caminar, física y espiritualmente, con su recuerdo.
Institucionalidades como el Colegio de Psicólogos de Chile, la espectral, inexistente Sociedad de Escritores de Chile, y tantos escritores han hablado del amor y la muerte, y lo han hecho ejemplificando en ella los sentimientos, las sensaciones, los temores de los hombres. Pero en la literatura, como en la naturaleza, “sólo lo salvaje nos atrae. El aburrimiento no es más que otro nombre para designar la domesticación” (Thoreau). La idea de una naturaleza esencialmente buena, en la que hasta la destrucción, lo terrible, lo salvaje, es noble y por lo tanto bueno, donde la belleza está más cerca del abismo que de la tranquilidad, domina en la formación de conceptos como lo sublime, Dinko querido.
La belleza y el terror se suman ante la admiración del hombre por la naturaleza como fuente creadora de vida, esencia y semilla, escenario al que el hombre se asoma finalmente con su propio tamaño ínfimo. Nada somos frente a la inmensidad del mar, frente a las altas cumbres, los bosques inexpugnables. Ante esta belleza salvaje el hombre mira hacia dentro de sí mismo, en silencio y soledad. Todos los paseos nos conducen hasta nosotros mismos, toda meditación posible gira sobre nuestros sentimientos, la muerte, el amor, la soledad. Parece que en la naturaleza nos podemos, aún, reencontrar. En el camino, en el sendero, nos pensamos en lentitud y silencio. Ajenos a un mundo ruidoso, veloz, superficial, que hemos creado buscando protección y riqueza, alejándonos de lo que somos, de los árboles y de los ríos. Somos espectadores de la magnitud del horizonte, solos como un personaje literario frente a un mar de hielo, frente al espejo de nuestras tormentas interiores. La vida está en armonía con lo salvaje. Lo más vivo es lo más salvaje. Es la naturaleza salvaje la que preserva el mundo, la que define la tierra, la que explica nuestra propia naturaleza.
La creación de tu paisaje, Dinko, como una especie de mirada fragmentada de la naturaleza es algo puramente cultural. El paisaje no es un trozo de naturaleza simplemente enmarcada sino una construcción cultural abstracta que se define a partir de diferentes culturas y diferentes épocas. Aunque en todas se repiten ciertos puntos comunes: necesidad de lo natural, recuperación de un mundo primigenio, búsqueda de nuestras esencias… pero en definitiva la recreación paisajística de la naturaleza ha sido siempre como domesticar a los tigres y volver salvajes a las ovejas. Una entelequia de los humanos por prender con alfileres los restos destrozados de la idea del paraíso, recuperados del naufragio que supone la sociedad literaria mercantil en que ha acabado la Sociedad de Escritores de Chile, construyéndola para vivir en ella, de espaldas a los bosques y a los rojos amaneceres.
Para mi sensibilidad actual amigo Dinko, residente actual del paisaje del Olimpo, aquellos que denostaste en asambleas de Simpson Siete hoy se mueven a toda velocidad a través de las ventanas del automóvil, del tren, y ellos mismos son lo que se ve desde un avión, unas manchas sin definir en la que la mano te despide una vez ya actuado casi siempre destruyendo, modificando, regulando… domesticando a los tigres, y olvidando que el ganso libre, el salvaje, vuela mejor. La idea de Olimpo que tiene hoy en día Carmen Berenguer, José María Memet, Mauricio Barrientos está más cerca del jardín, del huerto, del ramo de flores que de la grandeza abisal del Consejo Nacional del Libro, de los bosques de hielo de la Cámara Chilena del Libro, está más cerca de lo bello que de lo sublime. Para otros comunistas, vecinos de tu aldea política, la idea literaria está más cerca de la decoración que de la revolución.
Ellos también han hecho una declaración extremista. “La Sociedad de Escritores de Chile, SECh, ante el sensible fallecimiento del poeta Dinko Pavlov expresa a su familia y amigos las más sinceras condolencias por la irreparable partida de su ser querido.
Reiteramos nuestro sentimiento de pesar.”. Ni la frialdad del notario al que hace alusión Neruda en Walking Around pudiere superar esta condolencia criminal de sensibilidad.
Quisiera hablar a favor de la naturaleza, de la libertad absoluta y lo agreste, en contraposición a la libertad y la cultura cívica, considerar el ser humano como un habitante, o una parte integral de la Naturaleza, más que como un miembro de la sociedad. Hay, finalmente Dinko Querido, los todos ellos que han escogido el camino de la soledad y del silencio y se asoman al mundo detrás de las cámaras para ser, de alguna manera, una parte más de esa belleza salvaje. Para acercarnos a los que vivimos lejos del camino que lleva a los bosques, a nosotros, habitantes fronterizos de la oscuridad y el ruido, a esa Naturaleza que siempre guarda algún secreto, algún lugar nunca visto, desconocido. Es allí hacia donde nos llevan tu recuerdo.
Hablemos de paisajes silenciosos e intentemos que realmente sea esa la música de esta vez, procuremos que no haya personas, ni casas, ni construcciones, ni nada esencial, ni animales, que no haya nada que indique que un hombre antes que nosotros ha estado aquí. Una tierra incógnita, un mundo que descubrir y ante el que asombrarnos. Una belleza sublime, que nos enfrente al abismo y que nos acerca a ese vértigo que vive dentro de nosotros mismos cuando estamos solos y podemos reflexionar sobre lo que de verdad importa en la existencia.
Y la soledad, la única forma real de pasear, de ejercitar ese arte de caminar, sin prisas y sin ruidos, atento solamente a las hojas secas, a las ramas del camino, a las piedras que vemos como si las creásemos con nuestra mirada. Imprescindible para escuchar la música del silencio, para poder pasear entre la Naturaleza, para poder apreciar, respetar y valorar como iguales a los árboles, como imprescindibles a los libros. Estos paisajes son fragmentos de silencio y soledad, un homenaje a tu Naturaleza todavía presente en nuestro imaginario, son la constatación de que lo terrible, la tormenta, lo grandioso, las montañas, la oscuridad del bosque, la eternidad cambiante de los ríos, el miedo a la noche, la admiración ante lo sublime, sigue estando en el origen de todos nuestros sentimientos, que estas imágenes nombran en silencio los sentimientos que con todo nuestro vocabulario no sabemos expresar. Y son también la confirmación de que el bosque, el campo, el jardín traen hasta nosotros la huella de lo que fuimos, nos permiten volver a ser aventureros y forajidos. Y nuevamente la constatación de que aquello que salimos a buscar estaba tan cerca como nuestro propio corazón: Poesía para ti, larga vida a tu recuerdo, pues para un espíritu aventurero cualquier lugar –Punta Arenas, La Serena, Santiago o su propio jardín– es una tierra inexplorada.










