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Por  Gabriela  Tapia  Flores

Domingo. Día de la madre. Esa maldita costumbre de dejar todo para última hora. “Trabajo mejor bajo presión”, diría en mi defensa.

TENGO que escribir una crítica. Debe ser hoy y debe ser ahora. Me tiendo en la cama. Una bolsa de nueces a mi lado, no tengo hambre, son para matar la ansiedad.

Decido ver por segunda vez (la primera fue en cine) “La mano” corto contribución de Wong Kar Wai para la película de temática erótico-romántica Eros. Los otros dos (uno de Antonioni y otro de Soderbergh) me parecen no solo olvidables, sino derechamente infumables.

¡Qué bueno ver otra vez este hermoso corto! Había olvidado ciertos detalles que me maravillaron la primera vez: la dirección de fotografía cálida e íntima, los decorados preciosos, el vestuario…

Pausa. Una mirada detallada a Miss Hua (Li Gong): Moño alto, altivo y un poco sereno, con ondas que no ocultan su sensualidad, pero que se mantienen en control. Una mujer que, puedo imaginar, ha tenido una vida dura, y que por lo mismo no muestra su fragilidad. ¡Qué increíble escena de ella frente a un espejo ovalado arreglándose el pelo después de haber sido golpeada y abandonada por su amante gigoló! Siempre entera, siempre hermosa.

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Una prostituta elegante tiene casi status de dama de sociedad para quienes la sirven. El dueño de la sastrería la trata con devoción. Claro, ella es la mujer más elegante a la que alguna vez podrá vestir.

Los vestidos… ¡soñados! Negros, la mayoría. Rectos, ceñidos al cuerpo, nos recuerdan una época pasada, una rancia elegancia que poco a poco se vuelve más decadente (el vestido que usa Miss Hua cuando se reencuentra con Zhang, enferma y pobre, es del mismo modelo, pero de una tela mucho más sencilla y modesta). Destellos brillantes y transparencias me hacen pensar no sólo en coquetería femenina sino también en cierta vulnerabilidad que se escapa con un poco de piel al descubierto.

Mi propia experiencia con los amores imposibles me ha enseñado que son IMPOSIBLES. Y esa certeza queda clara en los primeros tres minutos de película.

Zhang conoce a Miss Hua siendo un joven y tímido aprendiz de sastre. Ella es una prostituta madura y fría. Ella sella su destino en ese primer encuentro. Zhang está perdidamente enamorado y pondrá toda su energía en traspasar ese amor a los hermosos vestidos que cose para ella.

Vestidos con los que ella se viste para seducir al hombre que ella espera le ayude a alcanzar  la comodidad que  tanto anhela. Ese hombre no será Zhang y como lo entiendo desde el comienzo mi relación con las imágenes y las sensaciones que estoy experimentando al verlas es de angustia.

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Como decía, he aprendido que en la vida los amores imposibles no se transforman en finales felices estilo película de Meg Ryan, entonces Zhang y yo, se podría decir, somos almas gemelas, o Wong Kar Wai y yo, o la mayor parte de la población y yo. No conozco a alguien que no haya sufrido por amor.

La diferencia con Zhang es esta entrega silenciosa, este amor inexpresivo que sólo vemos en sus ojos, en la forma en que toca el vestido de Miss Hua mientras lo plancha (otra escena bellísima y potente) y sólo una vez cuando se atreve a abrazarla con el pretexto de tomar sus medidas. ¿Fetichismo? No lo sé. Habría que preguntarle a Freud. Prefiero imaginar que, aún siendo ella una prostituta, Zhang la ama con tal devoción que la concreción de un mero amor físico no le satisface (recordar que bastaría sólo una mera transacción), la simple posesión temporal del ser amado no acabará con su martirio, si creo firmemente en eso, mis amores platónicos pasados tienen más sentido también.

Pero para ellos el destino ya estaba sellado. Tanto yo, como mera espectadora, como Zhang y Miss Hua, sabíamos que ese amor no tenía destino, entendíamos perfectamente que todo lo que Zhang sentía y que probablemente le presionaba el pecho casi hasta el punto de la asfixia, todo ese inmenso amor que no tenía forma de dejar salir, se perdería para siempre, se convertiría en harapos tal y como debe haber pasado con los lindos vestidos de Miss Hua.

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Pero pudimos estar equivocados. Talvez ese encuentro final, esa escena brutal y devastadora haya sido una extraña pero verdadera declaración de amor, talvez el miedo a morir sola y la necesidad de sentir el contacto humano se puedan interpretar como amor real y talvez Zhang se quedó con esa última sensación en su corazón.

Y talvez, sólo talvez, esta no sea una historia de amor tan trágica como creí al principio.

trailer Eros

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Acá   el link  a  un crítica semiótica  publicada en  corteirracional  sobre  el mismo  filme, esta vez del puño de Carlos Portales.

http://www.corteirracional.org/2010/07/15/cinelos-sintagmas-de-omision-una-lectura-semiotica-de-%E2%80%9Cla-mano%E2%80%9D-de-wong-kar-wai-en-%E2%80%9Ceros%E2%80%9D-2004/

este artículo tiene 6 comments. haz tu comentario aquí.

  1. Carlos Rodriguez

    Creo que no podrías haber elegido mejor el tema, la pelicula-corto, el estilo de escritura…todo va de acuerdo con tu profesion y tu mirada. Es una critica muy buena y me alegro releerla. Me gustó el uso de las repeticiones (Zhang y yo, Wong Kar Wai y yo, la mayor parte de la población y yo; asi como el “tal vez” del último párrafo)

    31 May 10 at 6:23 pm #
  2. Mónica Contreras

    Qué fina la sensibilidad que tiene este corto para pintar un amor sin prejuicios, llegando al punto de embellecer a una puta, una masturbación como inicio de una gran historia de amor y los lugares más recónditos y oscuros del interior-exterior, del vacío-lleno, de la puta, su languidez y el último soplo agónico…no hay mejor manera de retratar el amor…imposible.

    Qué bella tu crítica, muy limpia, me gusta tu honestidad y la óptica que le diste. Muy bien escogido el corto. 100 mil piticlines.

    31 May 10 at 8:10 pm #
  3. Qué fina la sensibilidad que tiene este corto para pintar un amor sin prejuicios, llegando al punto de embellecer a una puta, una masturbación como inicio de una gran historia de amor y los lugares más recónditos y oscuros del interior-exterior, del vacío-lleno, de la puta, su languidez y el último soplo agónico…no hay mejor manera de retratar el amor…imposible.

    Qué bella tu crítica, muy limpia, me gusta tu honestidad y la óptica que le diste. Muy bien escogido el corto. 100 mil piticlines.

    04 Jun 10 at 8:47 am #
  4. Mariela Guiñez

    Qué hermosa forma de abordar un corto tan bellamente filmado. El amor inconcluso, imposible e irracional.
    Muy bien escrito, le hace justicia al trabajo de Wong Kar Wai!!

    23 Jun 10 at 3:59 pm #
  5. Marcela D.

    No había podido leerlo…Me encantó como abordaste el tema de los amores platónicos, imposibles y tortuosos!!!

    05 Jul 10 at 5:17 pm #
  6. [...] http://www.corteirracional.org/2010/05/31/cineeros-the-hand-wong-kar-wai-2004/ [...]

    15 Jul 10 at 1:20 pm #

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