
Por Marcela Ilabaca Z.
En el presente escrito analizaremos el film La búsqueda (Don´t Come Knocking) -Wim Wenders, 2005- en función de reconocer-identificar algunos elementos característicos del cine de este autor.
Wenders, director conocido por realizar películas cuyas historias transcurren en rutas y caminos, bautizadas como Road Movies, realiza ésta, una de sus últimas piezas cinematográficas, en virtud de retornar a sus temas y estéticas representativas. De modo que, la película es, en su conjunto, el resultado de la construcción de un tejido de relaciones en las que es posible distinguir, por ejemplo, notables ejercicios de intertextualidad –alusión constante al mundo cinematográfico, cita al cine western e inserción de una ficción dentro de la ficción misma del relato– pero, por sobretodo, este film se ha destacado por recuperar ciertos iconos conceptuales y visuales que constantemente aparecen en su obra, tales como el tema del viaje, y el devenir itinerante de sus personajes por espacios irreferenciales, lo que hace subyacer factores significativos en su forma de abordar el cine.
Es por esto que en este análisis nos proponemos indagar, con mayor especificidad, en los espacios en los cuales se desarrollan los acontecimientos, particularmente, para detectar sus estéticas y la manera en que estos entran en relación con el contenido de la historia, en particular, como afectan en los actos y estados anímicos de los personajes. Nuestro objetivo es, por lo tanto, aproximarnos un poco más a estos escenarios, postulando que las expresiones de los sitios que el personaje recorre-transita, se encuentran asociadas a su propio estado interior.

1. Auto-destierro, retorno y expulsión
La pieza, relata el momento de crisis en la vida de Howard Spence, un actor de cine western que debido a una profunda insatisfacción frente a la vida, decide ir a recuperar su pasado. Inmerso en un progresivo devenir de excesos y relaciones inconsistentes y pasajeras, Howard improvisa un viaje en busca de algo que le dé significado a su propia existencia. De este modo, emprende un recorrido -que se inicia en su set de trabajo- hacia la cuna, hacia el lugar de procedencia.
Asistimos así a una serie de escenas que dan cuenta, que el desarraigo, la soledad y la falta de objetivos del personaje, han sido producto de su propio distanciamiento del mundo que le dio su origen.
Auto-destierro, abandono del seno materno, de la identidad, del lugar, no son sino la pérdida del yo como centro.
Por lo tanto, el retorno al terruño, al lugar, al domicilio, considerará siempre un retorno a sí mismo: “el regreso a sí mismo…está simbolizado por este recogimiento a un domicilio personal conformado por espacios, tiempos y cosas familiares” (1) cuya visualidad y sentido se contrapone, por ejemplo, al del lugar de trabajo, que en el caso del film corresponde, a aquel espacio ficticio creado por la producción cinematográfica y a la casa rodante que le sirve a Howard como habitación y de la cual simplemente escapa.
No obstante, la vuelta al nido, trae para Howard una doble afección: por una parte, el encuentro consigo mismo; el reconocimiento de sus debilidades, de sus errores, de sus fracasos y de una vida devastada y, al mismo tiempo, el choque con un territorio que ya no lo reconoce ni lo acoge, ya que al retornar de su larga ausencia el personaje se encontrará con un espacio que ya no le es común ni familiar. La casa materna, a pesar de la presencia de la madre, ya no existe y en su lugar no encontrará más que vestigios, ruinas y ciertos recuerdos, que ahora forman parte de un mundo al que no logra pertenecer.
Pretendemos creer que todo esto desata en Howard un nuevo síntoma de insatisfacción, por lo que nuevamente decidirá partir, esta vez, en vista de buscar al hijo perdido, pensando así en recuperar, lo que probablemente, le es verdaderamente propio.
Sin embargo, ya estando allí, Howard se enfrenta a un escenario frío e impersonal, que a modo de una monumental escenografía, no lo acoge ni incorpora, sino que lo expulsa, como si se tratara constantemente de echarlo afuera de las fronteras. Notable símbolo de esto es la escena en que Earl, el hijo encontrado, lanza -literalmente- por la ventana, todo lo que hay en su habitación, componiendo algo así como un espacio anacrónico, descalzado, irreal, en medio de la calle. Los objetos personales del hijo, se encuentran ahora a la deriva, destemplados, a la intemperie.
El desplazamiento del lugar íntimo y particular de la habitación, hacia el espacio público de la calle, es signo de que en este film nos encontramos frente a una propuesta que explora la conformación del espacio y los lugares, como expresiones representativas de mundo, como elementos significantes en la conformación de la personalidad, la individualidad y la interioridad de las personas. De tal modo, que examinaremos ahora cuales son estas conexiones.
(1) Giannini Humberto, La reflexión cotidiana, P.32, Editorial Universitaria, 6º Edición, Santiago de Chile, 2004.

2. Paisajes de los no-lugares
Los territorios que él personaje recorre para llegar a sus destinos –autopistas, cafés, trenes, estaciones de servicio, hoteles, estaciones de autobuses– en cuanto son, por naturaleza, de carácter transitorio, no son lugares que se constituyen como propios, que determinen una identidad o generen algún tipo de pertenencia, sino que se enmarcan dentro de la definición de no-lugar (2).
Si bien, se trata aquí de aquellos espacios irreferenciales, genéricos y homogéneos, concebidos a nivel global como zonas “habilitadas” para el tránsito efímero, su sentido responde no tanto a su forma en cuanto a sus características físicas, como a la des-territorialización y perdida de carácter distintivo de los sujetos que lo practican. De esta manera, la pérdida de territorio del sujeto se debe a que el no-lugar, no se vincula, de forma inherente, interna ni afectivamente al individuo, aquí, su falta de espesor significante.
El sujeto “des-localizado”, que no se siente pertenecer a un sitio -ya que todos estos territorios sin memoria, en su homogeneidad y fugacidad, van adquiriendo formas similares y las relaciones que en ellos se generan exhiben principalmente despersonalización- caracteriza entonces la relación entre el hombre y el no-lugar, lo que más bien significa una suerte de no-relación, puesto que al enfrentarse a estos espacios, como si se estuviera frente a meras escenografías, se produce una sensación de pérdida de arraigo en el sentido amplio para el sujeto.
Sirviéndonos de esta descripción, podríamos decir que la cinta exhibe, el pasaje del personaje de nuestra historia a través de los no-lugares, en el sentido de que éste nunca logra apropiarse (3), ni siquiera parcialmente, de los lugares que recorre, lo que
(2) La definición corresponde a Marc Auge, Los no lugares, espacios del anonimato, Editorial Gedisa, Barcelona, 2008. (3) El término apropiarse esta usado aquí en el sentido de pertenecer.
se traduce en un continuo, aunque no absoluto, devenir de desolación y desencuentros.
Por otra parte, considerando la conformación de los lugares como el reflejo de la interioridad del individuo, asistiríamos al propio desdoblamiento de estos espacios-caracterizados por la soledad y el vacio- en la interioridad y también en el actuar del personaje. La falta de residencian y la naturaleza nómada de Howard se reflejan en los espacios que recorre. Los vacios de estos espacios representan, entonces, de algún modo, la propia vacuidad en la vida de Howard.
Así, todas las localidades, desde el desierto hasta la ciudad natal, como el pueblo nativo del hijo, se constituyen a la manera de los no-lugares, en especial, en algunos diálogos se recalca que estos pueblos siempre han sido zonas de paso. Es posible afirmar así, que estos espacios tienden a proyectarse como decorados montajes escenográficos, como paneles que dotados de colores saturados producen la sensación de que nadie los habita.
La sensación de extrañamiento en el espectador, causada por la marcada estética de desolación, por la atmosfera de pueblo fantasma, del lugar deshabitado, cobra sentido en cuanto somos testigos de la soledad y desarraigo de Howard.

3. La búsqueda
La inconformidad ante la vida, su estado inerte, el pasar de los acontecimientos que periódicamente ocurren hacen aparecer la idea del viaje -a saber, recurrente en Wenders- para venir a salvaguardar la sorpresa, para restaurar la inercial aceptación de la vida. Entonces, el viaje, opera aquí como la posibilidad de quebrantar la consuetudinaria rutina, como la ocasión para el encuentro, para dejar que ocurra lo inesperado.
Es este el valor fundamental que mueve a Howard, despertar de la inercia con la voluntad de trascender a su propio destino, independientemente o no, de que logre conquistar un lugar del que pueda apropiarse.
En conclusión, podemos señalar que La búsqueda no es sino el símbolo de la imperante necesidad de encontrar un lugar, un terruño adonde hacerse pertenecer.
trailer Don´t Come Knocking












Tenias razón…bien buena la pelicula y buena tu crítica.
28 Jun 10 at 6:06 pm #Me gusta las road movies, hacen que te pegues mirando y esperando que pase algo…. me recordó
broken flowers y transamerica.
Lo mejor es el arte, los escenarios,los paisajes, las ciudades ,el casino y los calsetines rojos en el desierto, muy bueno. también esa escena estilo “hopper”…wena wena.