CINE: FALTA

Por Fabiola Matte L.
Me pregunto por la semejanza entre un coleccionista y un artista…
… y me parece que aquello que moviliza al coleccionista para seguir con su labor de atesorar determinados objetos es la carencia de la pieza que aún no está, de la que falta y que se convierte en el tesoro más preciado, en el objeto de deseo… Deseo que para el coleccionista se vuelve fundamental en su que hacer de búsqueda de piezas y que funciona como motor para seguir en su labor. ¿Pero, qué pasaría en el caso hipotético de haber completado la colección?, ¿qué sigue?, ¿otra colección, o se termina con la faena y entonces qué sentido tendría la colección sino una mera acumulación de objetos, una especie de muestrario paralizado en su finitud?
… y… ¿por qué un artista, un real artista tiene la necesidad de hacer una obra y luego otra y otra y otra, sino es por mostrar, decir o provocar aquello que en la obra anterior no ha podido lograr en su completitud? Y que al igual que el coleccionista encuentra en la falta la necesidad. Y no hablo de una necesidad creada por una sociedad de consumo, hablo de la necesidad real, de esa que se genera en las entrañas, que habla desde la herida, desde lo roto, lo incompleto.
Si revisamos a cualquier director-autor de sus obras, encontramos que el tema que trata, que su obsesión es básicamente la misma a lo largo de todas sus creaciones. Su ser está atravesado por una herida que lo marca y define cual huella digital. Y pareciera que a través de sus obras trata de reconstruir la herida, completar el trozo de carne que falta.
Lo podemos ver claramente en Pasolini, marcado por la guerra, su homosexualidad y la religión… temas que aparecen en cada una de sus obras y que pese a los cambios de formato que pueda realizar; blanco y negro/color, ficción/documental, realista/mitológico, etc. la herida sigue siendo la misma.
Igual situación sucede con Von Trier y la constante en su tratamiento respecto a la figura femenina considerado por muchos un tanto misógeno…; Haneke y su obsesión por la violencia psicológica; Cronenberg y la violencia explícita… ¿Qué los motiva a seguir creando si no es la falta de una nueva manera en que la cosa no está dicha?, dándose cuenta que tal vez la cosa no se puede decir realmente, sino dejarla entrever… existiendo un sinfín de aristas para ello.
Pongo en duda a todo aquel que crea que ha logrado la perfección, pongo en duda su perfección, y desde ahí comprendo la sinceridad de José Luis Sepúlveda al decir que Mitómana es un proceso lleno de errores, así como también lo fue Pejesapo, que gracias a sus carencias generó la necesidad de una otra creación.
La “perfección, lo perfecto”, habla de algo inmejorable, algo im-perfectible, que ya ha logrado su más alto grado de excelencia, como si se tratara de un círculo cerrado, la obra “redondita” en que nadie puede entrar y no hay nada más que ver ni hacer. Una obra, que al igual que la colección completa-terminada sólo sirve para contemplarla o bien para que uno aprenda de ella, una obra didáctica que trae una enseñanza determinada, que entrega soluciones y ninguna pregunta, que no deja hoyos ni vacios para yo-espectador poder completarlos.
¿Y qué sucede entonces cuando nada falta, cuando no hay nada que decir, o cuando lo que faltaba ya se ha recobrado? Recordemos la necesidad de la generación de artistas chilenos de los ‘80s de hablar sobre la dictadura, la represión y la falta de libertad y la carencia de discurso una vez recuperada la democracia… ¿de qué hablar ahora?
Como jóvenes reconocimos una generación “pegada” en el pasado… en el teatro fue claro Castro, Pérez, Teatro Ictus… se convirtieron en un registro histórico para las nuevas generaciones, muchas de sus obras se convirtieron en piezas de museo, importantes para nuestra memoria colectiva, con un discurso que corresponde a quienes fueron marcados por la dictadura de una manera determinada… la herida de ellos tiene que ver con la castración de un país… ¿pero corresponde esa herida a la generación del 2000 o corresponde esa mirada respecto a la dictadura a la generación de hoy? ¿Cómo lo hacen las generaciones de los ’80s para renovarse…? Y ¿Cuáles son las carencias de las nuevas generaciones?… Sin duda en los 80 el enemigo era evidente, pero ¿qué pasa hoy?
Lo trascendente de autores como Pasolini, Bergman, Haneke, Castro, Pérez, Griffero, Sepúlveda… es que fueron y han sido personas conectadas profundamente con ellos y su entorno… una falta personal evidencia una carencia colectiva, por lo tanto como espectador puedo reconocerme en ella o comprender el malestar de una época, malestar que muchas veces se repite o permanece en el tiempo… es por eso que sus obras han dejado registro y abren preguntas…
Me parece más interesante una colección con un espacio vacío que una colección acabada…






















osea, si la coleccion es hasata el ultimo minuto de mi vida, cuando de el ultimo ultimo respiro, nunca habre estado completo ?
19 May 10 at 8:52 pm #Todo bien. Solo una duda: la coleccion busca algo definido, una forma exacta, es una busqueda cuantitativa: 1,2,3,4… asi hasta conseguir, no se, todas las laminas del album del mundial. El arte, en cambio,no tiene un fin cuantitativo, es algo insustancial, indefinifinido. Las cosas salen en forma inconciente… Me cuesta comparar el Quijote de la Mancha con un llavero.
20 May 10 at 10:56 am #Buena pregunta.
Qué pasa cuando nada falta, cuando no hay nada que decir? Me parece que esa es la sensación general(me niego a creer que nada falta o no hay nada que decir).
El tratamiento de los seres humanos, de sus obsesiones, conductas, la violencia, etcetera, no creo que sean temas propios de Haneke o Von trier, por tomar ejemplos. Si Passollini vivía la segunda guerra mundial, hoy no tenemos guerras mundiales, pero si matanzas tan numerosas e inhumanas(entiéndase lo que pasa en África, o el caso de los miles de muertos por el coltán en el Congo, o en China, la violencia islámica y americana, etc).
Además, todo a tomado otro nivel de aplicación e interpretación, desde temas como la violencia o la consciencia.(Nolan y Kelly con el asunto de la consciencia, o los guiños a conspiraciones cada día más cercanas a la verdad en el caso de R. Kelly).
Creo que el coleccionista bebe del conocimiento y el análisis, mientras que un artista lo hace a partir de la intuición y un fuerte grado de egocentrismo, de coleccionar su vida a través de objetos tan tangibles como intangibles y que interpretan una sociedad e individuo determinado frente a los problemas que lo aquejan directa e indirectamente.
Saludos.
24 May 10 at 4:50 pm #Buena pregunta.
Qué pasa cuando nada falta, cuando no hay nada que decir? Me parece que esa es la sensación general(me niego a creer que nada falta o no hay nada que decir).
El tratamiento de los seres humanos, de sus obsesiones, conductas, la violencia, etcetera, no creo que sean temas propios de Haneke o Von trier, por tomar ejemplos. Si Passollini vivía la segunda guerra mundial, hoy no tenemos guerras mundiales, pero si matanzas tan numerosas e inhumanas(entiéndase lo que pasa en África, o el caso de los miles de muertos por el coltán en el Congo, o en China, la violencia islámica y americana, etc).
Además, todo a tomado otro nivel de aplicación e interpretación, desde temas como la violencia o la consciencia.(Nolan y Kelly con el asunto de la consciencia, o los guiños a conspiraciones cada día más cercanas a la verdad en el caso de R. Kelly).
Creo que el coleccionista bebe del conocimiento y el análisis, mientras que un artista lo hace a partir de la intuición y un fuerte grado de egocentrismo, de coleccionar su vida a través de objetos tan tangibles como intangibles y que interpretan una sociedad e individuo determinado frente a los problemas que lo aquejan directa e indirectamente.
Saludos.
28 May 10 at 6:05 am #