CINE:In to the Wild (2007)de Sean Pean. La felicidad es verdadera,sólo cuando es compartida.
Por Daniela Balagué
Todos tenemos dentro de nosotros complejos escenarios relativos a nuestra historia que determinan nuestros actos y decisiones. Desdoblarse de nuestra crianza y “hacer” sólo por nosotros mismos es un nivel superior de madurez o autonomía que probablemente pocos pueden lograr.
En el comienzo de “In to the Wild” -del director Sean Pean-, podemos imaginar e incluso concebir a un protagonista que habría logrado el ser libre mediante su revelación a lo establecido, a los estándares tradicionales y comienza su verdadera búsqueda de libertad, de su esencia, de arrancar de un escenario capitalista donde la vida está completamente estructurada a sólo hacer lo “correcto”. Esta búsqueda es dada en un viaje hacia la naturaleza, argumento que se explica al inicio de la película bajo los versos de Lord Byron.
“Hay placer en los bosques sin senderos; Hay éxtasis en una costa solitaria; Está la sociedad donde nadie se inmiscuye, Por el océano profundo y la música con su rugido: No amo menos al hombre, pero si más a la naturaleza…”
“In to the Wild” es una compleja reflexión sobre la naturaleza, la libertad, las relaciones humanas y la soledad. Todos estos elementos conjugados son claves para adentrase en esta película y apreciarla como una metáfora de la existencia, a pesar de estar basada en una historia real.
El montaje constantemente nos está invitando a la introversión y el romanticismo. La fotografía es un elemento protagonista, donde la majestuosa y maravillosa naturaleza también nos invita a una pensar sobre la dicotomía entre dos mundos que en esencia nunca se podrán unir, porque son diferentes. Sólo podemos apreciar y maravillarnos del mundo de la naturaleza con su hermosura, pero ser parte de ella y dejar de lado nuestro mundo, es decir nuestra condición humana, nuestros sentimientos, y nuestras relaciones es imposible. Mantenernos al margen de la sociedad y sobre todo de las relaciones humanas y ser parte de la naturaleza es más desgastante por la consecuencia de la soledad, que convivir con los fantasmas del pasado.
A medida que vamos conociendo la vida del protagonista con reflexiones de su historia y flash back al pasado, podemos comprender que esta búsqueda no es más que un fuerte sufrimiento, es escapar de sus emociones y no enfrentar su pasado, su realidad familiar. El montaje poco a poco nos va dando pautas para conocer qué pasa con este personaje que escapa de todo, pero que su historia siempre lo persigue no importa donde vaya y determinará también su final.
Esta road movie hace pensar y su música toma un protagonismo que durante toda la travesía invita a conocer, a reflexionar por sus potentes letras que van acompañadas de imágenes verdaderamente hermosas de paisajes, naturaleza, con planos bien abiertos para mostrar lo pequeño que somos dentro de ese mundo, el cual sólo podemos entrar como espectadores y no como parte de él.
Lo más estremecedor de esta historia es su final, el cual nos deja pensando mucho rato y donde comprendemos claramente que “la felicidad es verdadera, sólo cuando es compartida”, frase escrita por el protagonista en su último aliento, repasando cada instante de felicidad donde comprendemos que cada alegría de su vida estuvo dada por la compañía de los que pasaron por su ruta e incluso por aquellos que dejó atrás por rencor.
Esta historia conmueve y genera múltiples emociones sólo mediante sus variados recursos bien trabajados. Montaje, fotografía, música, sus citas y referencias a grandes pensadores, junto con el apelo a las relaciones humanas. Pareciera ser una película personal por el detallado trabajo que se hace con cada recurso. Es cálida y triste, alegre y libre. Una conjugación de emociones, imágenes, música e historia.












