
Por Harijan Fernández
“¡Larga vida a la nueva carne!” dice el protagonista en Videodrome, nace un nuevo hombre, luego de la muerte del erotismo abraza la única estética vigente, la de lo abyecto. Este nuevo ser se incuba en las superficies, en este caso en la pantalla, estableciendo un rol simbiótico con este cúmulo de materia que pasa a ser parte de su carne, el nuevo hombre solo necesita ampliar sus superficies de contacto para aumentar la cantidad de sensaciones que lo pueden invadir y saturar. Nuevo hedonismo desgastado, ya sin el antiguo encanto de lo seductor, de lo simbólico, el cuerpo debe ampliar sus horizontes mediante la prótesis para alcanzar mayor placer, un placer que debe ser mesurable numéricamente. El placer se debe manejar fríamente en paralelo al sistema económico consumista, no hay tiempo para seducción o misticismo amoroso, hay un capital de energía sexual que debe estar fluyendo permanentemente.
Muchos ven como el blanco principal de Cronenberg los medios de comunicación, pero el tema de fondo va más allá de ese fenómeno que no deja de ser predominante en sus películas. Es cierto que la pantalla como madre de una nueva generación actúa de manera homogeneizadora y viene a absorber al público aprovechando las condiciones políticas actuales, en que el espacio público pierde todo su poder por las políticas del terror, de modo que se incita al enclaustramiento en el ámbito privado desde donde la única mirada hacia algo cercano a la realidad puede venir por la pantalla. Pero el énfasis principal de la obra de Cronenberg tiene más que ver con el modo general en que se aborda el placer despojado de todo acto ritual, la relación que tiene el hombre con los objetos, como aparece en Crash, el hombre le pierde todo aprecio a su propio cuerpo y sale a la busca de la prótesis y la sensación saturante, después de todo si no hay cierto valor simbólico agregado al cuerpo nada delinea los límites de nuestro cuerpo respecto al mar de materia que nos rodea, basta con que esa nueva carne sea fuente de estímulos al cerebro para que lo incorporemos como propio, lo que no cuesta hallar en la máquina que ahora ofrece solución a nuestras nuevas exigencias, una intensidad multiplicada.

Cuando toda trascendencia de lo erótico queda eliminada ésta se sustituye con saturación, lo que Cronenberg logra graficar muy bien en códigos presentes en todos los elementos que constituyen la narración fílmica. En Crash los personajes están en una permanente búsqueda del orgasmo, teniendo relaciones con distintas personas y masturbándose, hasta las escenas que no tienen un contenido explícito sexual las carga en ese sentido con el buen uso de la cámara, el protagonista viaja en un auto acompañado de la mujer con la que chocó, la cámara se sitúa en la ventana desde afuera, inclinada mostrando las piernas de la mujer que lleva un vestido corto. Escena que recuerda la entrevista al protagonista de Videodrome, director de un canal de cine pornográfico al que se acusa de contribuir a una sobre-estimulación de la sociedad y éste contesta señalando el vestido de la misma panelista que lo encara. El fenómeno de la pérdida de la seducción se ve plasmado en todos los aspectos de la sociedad, primero había una asociación simbólica a los cuerpos, un comportamiento mítico y ritual que establece un patrón de juego de la seducción, el encubrimiento del cuerpo como componente culposo es en sí mismo una estimulación de lo erótico, el velo sobre el cuerpo da cabida a la fantasía y la adoración, además produce el sentimiento desbordante de placer y culpa en la oportunidad de descubrirlo, recarga de sensualidad el acto. Lo que se registra como una represión sexual es también la forma de recubrir con encanto el cuerpo, lo que le da toda la peligrosidad atrayente es la incapacidad de acceder a su desnudez. Cuando todo este juego hipnótico de esconder y revelar, de jugar con la profundidad de la superficies se pierde, ocurre el reemplazo por exceso, pero con esto no basta, no hay peligrosidad en ese acto, falta el componente tanático y culposo, que en Crash encuentran en los choques de autos a grandes velocidades, el juego con la muerte tiene ese mismo componente seductor del cuerpo oculto, su presencia siempre está ahí pero no se manifiesta, no hay nada que se pueda decir al respecto, es solo fantasía hasta no haber realmente muerto. Además en una modernidad tan anestesiada, de permanente encierro se tiende al tedio, con una vida demasiado segura, con un devenir predeterminado es necesario volver a tener vértigo, ver un cuerpo despedazado en un choque automovilístico para sentir más de cerca la muerte. En este afán voyeurista los personajes de Crash asisten a un espectáculo, un grupo de gente que elige reproducir choques famosos en sus autos, ahí hay un diálogo bastante revelador, luego de ver el choque los participantes quedan heridos, el protagonista se perturba o maravilla y le pregunta a su acompañante femenino si están realmente heridos, ésta le contesta “no lo sé, es un espectáculo” y para ellos lo real no deja de ser un espectáculo, como iremos viendo en las escenas que siguen. Siempre el erotismo y la muerte van entrelazados, hay asociaciones incluso lingüísticas entre ambos, en francés se le dice petite-mort (pequeña muerte) al período del orgasmo en que hay una pérdida de la conciencia y una sensación de trascendencia a los límites del yo, Cronenberg siempre representa este elemento..

La fusión ser humano máquina también está explícita en Crash, desde la primera escena en que la mujer empieza a desnudarse y roza con los pechos el metal, durante las escenas sexuales de personajes con prótesis metálicas. Una escena en particular se destaca, cuando dos personajes están teniendo relaciones en la parte posterior del auto mientras lo están lavando, se empiezan a intercalar imágenes de la pareja humana con los roces sexuales de las máquinas. Nuevamente el desencanto del ser humano hacia el cuerpo, equiparándolo a la máquina, maravillado por los movimientos eléctricos y de pistones ha dejado de lado la necesidad de una explicación trascendente de sus voluntades que lo distinga de los demás procesos mecánicos del universo.
Entre los elementos que suelen brotar en la trama de Cronenberg siempre está la mutación desde el organismo molecular y la presencia del insecto. Estos seres aparecen como indispensables en su crítica de nuestra percepción de mundo, en paralelo a la saturación sensitiva está también la ampliación de los micro-mundos, como afición quizás aprendida por ser una sociedad demasiado creyente en la ciencia, que tiende a la descomposición de la realidad hasta su nivel cuántico en búsqueda de mayor realidad. Esto se manifiesta en una desviación de la técnica que busca superar la realidad, como dice el doctor Oblivion en Videodrome “La televisión es realidad y la realidad es menos que la televisión”, lo importante son las superficies y la capacidad de observación del ojo es limitada, con la nueva tecnología se pueden crear ficciones nunca antes vistas que sean un paradigma superior a la realidad, el hombre ya no mimetiza la realidad, ésta se ha vuelto una versión empobrecido de lo que habita su mente. Lo podemos ver en las simulaciones tridimensionales y el avance en la calidad de imagen de la televisión, que sin darnos cuenta pasó de ir depurando sus defectos a empezar a simular una realidad más estimulante, los objetos brillan más que como se ven a nuestros ojos. Queremos ver las cosas de más cerca, poner toda la realidad bajo microscopios y exhibir sus más finos detalles, de este modo descubrimos nuevas fuentes de terror, pequeños gérmenes, virus , bacterias, mutaciones genéticas, un hábitat que gracias a la técnica se nos revela como fuente de nuevas hostilidades, el enemigo se encuentra sobre y al interior de nuestro cuerpo. Éste terror nuevo es el que Cronenberg más explota, un horror biológico que genera la mutación y epidemia. Además pareciera preferir ver según su revelación somatizada las enfermedades psicológicas, como lo hace en The Brood, lo cual también se conecta con su visión ya explicitada respecto a la muerte de lo psíquico, reafirmando también el tema erótico el modo típico que elige para la transmisión de la enfermedad es la relación sexual, en lo que la mujer juega un rol particularmente importante.
No es coincidencia que el protagonista de Videodrome sea director de un canal de industria pornográfica, estas películas revelan el sexo desde ángulos desconocidos para el ojo humano, no hay seducción, no se protege la armonía del cuerpo, solo se hace una ampliación de la parte misma involucrada en el acto carnal, mostrarlo tal cual es, “realidad pura”. La pornografía es un estilo muy particular de documental, se busca mostrar lo abyecto de la relación ampliado al máximo y presentar una visión totalmente nueva de la mujer como devoradora de placer, el hombre a su servicio, su erección nunca falla, su rostro totalmente serio como haciendo cualquier otro trabajo.
Lo nefasto no acaba en una absorción temporal en la apreciación de la imagen desmitificada, la única verdad que se acepta es el absurdo de lo real tal cual se nos presenta carente de significado, no hay modo de revalidar la realidad por sobre la pantalla, su visión es más real, es más cercana, revela mejor la forma de la superficie. Citando nuevamente al Dr. Oblivion “la pantalla es la nueva retina del ojo de la mente”, la pantalla es la prótesis que nos permite experimentar lo que Baudrillard denomina híper-realidad, en este nuevo órgano humano se llevará a cabo la última guerra por la dominación, es la fuente de todas las convicciones, todas las aspiraciones tienden al ideal digital y simulado que se nos exhibe en la pantalla. En la pantalla encontramos seres más excitantes que en el mundo real, poseen cuerpos mutilados a partir de cinceladas científicas para actuar como bellas esculturas modelo, con el rostro de otra mujer pintado sobre el suyo usando la prótesis maquillaje, todo este proceso para que luego su imagen entre en un código binario virtual en el cual se modifica lo que queda por corregir de la imagen y finalmente llegar a esa belleza inalcanzable. Con esto se logra el estado perfecto deseado, todo lo que hacemos, poseemos y somos deben ser mejorados y reemplazados por productos más eficientes, de este modo promoviendo un consumismo incontrolable, nunca nadie va a lograr la perfección de la pantalla, es una trampa que nos mantiene en una tensión eterna por el ideal inalcanzable, solo hay un acercamiento mediante la entrega de dinero que es otro elemento virtual carente de valor propio a cambio de prótesis insuficientes. La única forma de alcanzar el ideal es convertirse en pura imagen, dejar de ser real, como el mismo doctor Oblivion que existe solo en los videos que quedan grabados de él, una nueva carne binaria. El juego entre imagen y realidad lo refleja en M.Butterfly, película que quizás podría extrañar por la carencia de otros elementos típicos de Cronenberg más asociados a la ciencia ficción, pero acá ocurre justamente el fenómeno descrito anteriormente, la prótesis maquillaje puede servir para dibujar una mujer sobre un hombre que es aún más femenina que la mujer misma. De todos modos aunque elementos de ciencia ficción predominan la obra de Cronenberg, no busca mostrar demasiado el avance tecnológico, sino profundizar en sus consecuencias en la sociedad humana, por esto es que no elige situar sus narraciones en sociedades futuristas, sino en un ambiente que podría ser perfectamente nuestra época, de hecho parece elegir el enfoque en la máquina y el televisor solo para mostrar como el hombre al ajustar más el mundo a su razón más alienado y ajeno se siente a su creación.

Lo femenino como lo que tiende la trampa, no necesariamente la mujer, como vemos en M.Butterfly, Cronenberg solo tiende a utilizar a la mujer como la depredadora por una identificación histórica de lo femenino. Una relación ya antigua que se establece entre lo femenino y lo que seduce, lo que desvía (se-ducere en latín), aparta, engaña. En una sociedad machista la mujer desde la debilidad usa como arma este juego de apariencias, haciendo una permanente intermitencia entre lo que refleja su superficie genera un efecto hipnótico, el efecto de profundidad indescifrable se vuelve la trampa para el hombre. En la sociedad que esboza Cronenberg una seducción en su esquema antiguo tiene poca cabida, con la tendencia a la liberación de la mujer, ésta sale a la búsqueda del goce que le fue negado, volviéndose un vampiro sexual como en Rabid o la liberación sexual en los zombies de Shivers, la sexualidad femenina es un deseo desenfrenado insaciable, el hombre es ahora el que se ve debilitado ante ella, mientras que la erección puede fallar la mujer se encuentra siempre en condición de devorar placer. Éste desafío que se impone en manejar la sexualidad como un bien económico pervierte hacia lo abyecto, no tiene un período de recesión debe estar saturada en todo momento. Se asocia a la liberación de lo femenino por el fenómeno que significó pasar de tener prohibido desear a desearlo todo, todas las cosas deben ser fuente de placer, como lo explicita en Shivers cuando se narra un sueño “en este sueño me encontré haciendo el amor con un desconocido. Solo que yo estoy teniendo problemas porque es viejo, está muriendo y huele mal… lo encuentro repulsivo. Pero entonces él me dice todo es erótico y todo es sexual. Sabes lo que digo? Me dice que incluso la carne vieja es carne erótica. Que la enfermedad es el amor entre dos criaturas distintas. Que incluso la muerte es un acto de erotismo. Que hablar es sexual. Respirar es sexual. Que incluso existir físicamente es sexual. Yo le creo y hacemos el amor bellamente”, la mujer que siempre fue educada para no tener deseo ahora desborda en la búsqueda del goce, perfecta representante del nuevo erotismo, su sed infinita solo puede liquidar al hombre, que debiera cumplir el mismo rol que en la pornografía, ser una erección eterna.

Entre el trabajo de Cronenberg y la teoría de la seducción de Baudrillard hay demasiados paralelismos, pero no se debe obviar el componente personal que siempre intenta poner este director, por lo que cualquier influencia literaria puede ser solo un elemento de fondo en la creación, las películas siempre están estrechamente ligadas a los períodos que vive en su vida y pese a que sus diagnósticos sociales son muy similares, parecen divergir en las consecuencias que derivan de éstos. Cronenberg es más suave en su opinión respecto al nuevo camino hacia el que se orienta la sexualidad humana (esto en las entrevistas, no tanto así en la imagen), como un paso más rápido de la reinvención que siempre se ha aplicado al cuerpo humano ayudado de un avance vertiginoso de la técnica, el acto sexual y lo reproductivo se han escindido con la tecnología moderna, eso da cabida para una visión totalmente nueva del acto sexual y la relación hombre máquina. Si elige hacer una película como eXistenZ él mismo confiesa es por la atracción que tuvo por los temas existencialistas desde la juventud, la asociación inmediata del yo a mi cuerpo que conlleva con eso la mortalidad, de modo que en la tecnología vio el modo de superar este temor. Probablemente no es de su agrado que cataloguen sus películas como de terror, por el mismo hecho que se señalaba previamente de que las películas suyas van muy cercanas a la vida personal y con un destino bastante probable para el humano, quizás a diferencia de Baudrillard la crítica va más mezclada con un sentimiento de fascinación. Talvez lo escrito respecto a su obra es más oscuro que lo que realmente quiere dar a entender Cronenberg, pero pareciera que fuera de lo que declara pensar respecto a la temática de sus películas de forma inconsciente agrega bastantes elementos que expresan temor hacia los cambios, ya que parece extraño que a la percepción de sus espectadores sus películas siempre transmitan cierto terror, quizás sean los pensamientos de los espectadores que ya tienen preconcebidos respecto a las temáticas que él toca, pero pareciera no poner mayores elementos técnicos en la visualidad y música que aminoren la tensión de la sociedad que muestra.











