Por Luis Felipe Horta
“Álvaro, Full Dedication”, modesto documental alemán que se exhibió en In-Edit, significó el retorno a nuestros escenarios de un músico rarísimo, mítico y a veces, cuando quiere, conmovedor.
Álvaro Peña, “El chileno que canta con la nariz”, aunque para nosotros es “El chileno que tocó con Joe Strummer”, es una vieja leyenda underground, considerado por muchos como el fundador del Punk tras su paso por “The 101’ers”, la banda que tendrían con el que posteriormente sería líder de “The Clash”.
Peña, una mezcla perfecta entre Syd Barret y Daniel Johnston, ha desarrollado en Inglaterra y Alemania una numerosa producción musical en sus sesenta y seis años de vida, la cual se conoce muy poco en nuestro país. O casi nada.
Nacido en Valparaíso en 1943, tuvo un breve pero ineludible paso por adolescentes bandas rockandrolleras del periodo sesentero, hasta que comenzó paulatinamente a viajar a Inglaterra, lugar en que debió quedarse después de 1973, cuando la dictadura le prohibió entrar de vuelta a Chile.
Exiliado, sin un peso en los bolsillos, y viviendo en casas okupa, funda con su amigo Joe Strummer la banda ““The 101’ers”, donde tocaba el saxo y se hacía llamar “El Huaso”, posando en las fotografías promocionales con un característico poncho.
Tras la disolución de la banda, Álvaro Peña las emprende como solista con una seguidilla de discos tan raros como su particular forma nasal de cantar. “Bebiendo de mi propia esperma” (“Drinking my own sperm”, 1977) o “Clase trabajadora” (“The working class”, 1979) configuran parte de un largo listado de autoediciones hechas en vinilos de 45 rpm, cassetes reciclados o CD compilatorios que algún sello tan visionario como independiente ha querido sacar a la venta a circulación.
En los noventa, radicado en Alemania, se va a vivir a pueblitos alejados de las grandes urbes, desde donde sigue desarrollando su veta musical con un pequeño teclado y un bajista.
La insólita historia de Álvaro Peña da lugar a una película que con muy pocas pretensiones, logra mostrarnos a un punkie deschavetado, que se viste con las ropas de su vecina de ochenta años de la que se ha hecho amigo, o que no duda en recolectar viejas cintas de cassete que recicla grabando sobre ellos sus discos que posteriormente se venden en una librería.
La película tiene el mérito de mostrar a este señor como moraleja de vida. La “Full Dedication” hace referencia a la completa dedicación que debe tener un músico en la vida y frente a ella.
Sin ostentaciones, sin dinero, sin lo material, Álvaro, hoy un mito del punk, del under, del low fi, de los exiliados, logra mantenerse en pie, hacer un musical llamado “Valparaíso”, sacar un boxet con dos libros y sus canciones emblemáticas o simplemente volver a Chile tras varios años, presentar una película que se esmera en aclarar “No hice yo”, y tocar tres canciones preocupado de “ser breve por que mañana hay elecciones”.
La avasalladora visita del legendario Álvaro Peña, sabiéndose un mito, no lo es precisamente por que con su polera despreocupada, su postura de vecino o su sospechoso bolso en que carga sus discos, hace que no sea un mito, sino “el mito desmitificado”, la figura mas punk del punk, la inversa del estereotipo de artista.
La película, un sobrio relato de un vecino que también es músico, logra penetrar mas allá de la singular historia de un exiliado que trabaja de entretenedor punk, de vecino sociable en un pueblo perdido, de dueño de casa. La “Completa dedicación” tiene que ver a su vez con el compromiso y asumirlo en el amplio sentido, desde el arte y desde la lucidez del juego. La película es un fresco mas allá de este personaje, sino de un sinfín de anhelos que pueden no deshacerse por que se supere la barrera de los treinta o los sesenta, de crecer sin necesariamente ser un “eterno adolescente”, de compromiso consigo mismo y con el entorno, de quererse viejo y arrugado, de amor propio y reinvención sin cirugías. Hoy, Álvaro Peña, a sus casi setenta años, no deja de ser un punk, y nos enseña que un punk puede de ser maduro y responsable, lúcido y demente, modesto y autosuficiente, y principalmente, coherente. Que para ser joven no se necesita edad, sino actitud.
posteado por Su.
tags CINE, CRITICA, DOCUMENTAL, MUSICA
posteado el Dom, 13 Diciembre 2009 at 12:32 pm











