
Por Harijan Fernández
Al parecer se hace tarde, me empieza a dominar el sueño y termino un trabajo de estudios cognitivos sin pensar lo que escribo. Ahora quiero ver una película para aprovechar lo que me queda del día y el momento, momento en que nadie va entrar a mi pieza acusándome de ver escenas esquizofrénicas en blanco y negro. Además hace mucho vi un documental sobre el trabajo de Toru Takemitsu y hacía referencia a “Suna no onna”, película que hace poco aterrizó en mi disco duro.
Desde un inicio las imágenes que se intercalan con los nombres de los realizadores me atacan acompañadas de un estruendo musical sorpresivo, primero una caricatura que muestra hombres atrapados entre patrones como huellas digitales y sellos, todo esto acompañado de ruidos de ciudad, imagen que luego desaparece para ser reemplazada por una más aguda, un ojo que se pierde entre las huellas como siendo tragado y entregando su última mirada, ya me pongo en disposición de ver algo angustioso.
La entrada a la película en sí no deja de ser impactante, un PPP a unos granos de arena, que luego se aleja para mostrar las dunas que en sus surcos vuelven a reflejar las huellas, la angustia que evoca la imagen, la vastedad del desierto, la naturaleza que permanecerá indiferente ante lo que pueda suceder al protagonista aun no presentado, fiel y serena en sus leyes. Pronto me cambia radicalmente la postura respecto a la imagen del desierto, a medida que las imagen devienen, el entorno empieza a volverse personaje esencial de los sucesos, volviendo a una antigua temática existencialista, la oposición del hombre al mundo. Recuerdo el placer de esas primeras novelas que le hicieron justicia a lo absurdo, el arrojo a la existencia, resuena claramente en la trama “El mito de Sísifo”, el trabajo eterno sin sentido de este hombre que se ve atrapado en las dunas, en eterna oposición al mundo. También notable el uso de la mala fe del protagonista, mala fe que es el motor mismo que lo guía a la trampa, su deseo de perpetuarse en una creación humana, ser recordado en un libro por capturar un insecto, siendo él el que cae finalmente en una trampa análoga con la mujer de las dunas. Además su seguridad de que será rescatado, creyendo que su status legal como ciudadano va a poder asegurar su existencia, reconociendo la hostilidad del mundo prefiere sumergirse en una irrealización de la realidad humana que lo tranquiliza.
La arena se vuelve actor esencial en todas las escenas, adhiriéndose a los cuerpos de la pareja aprisionada, dotando todos sus actos de una aspereza. Aunque el confinamiento los ha unido en una relación amorosa, hasta en el momento de hacer el amor se ve una imagen llena de tensión y rudeza a causa de esta omnipresencia de la arena, ésta sumada a la música de Takemitsu, que sabe perfectamente el momento en que es necesario intensificar la imagen con el uso de su música y que comprende la necesidad también del vacío.
Luego las escenas que delatan la depravación de la clase dominante del pueblo exhiben una potencia increíble, primeros planos de estos hombres que desde fuera de la duna bailan con máscaras de angustia y de ira, que incitan por un placer voyerista a humillarse a cambio de algo de libertad al protagonista, siempre enfocado empequeñeciéndolo desde las alturas. Una crítica al sistema alienante que siempre me tranquiliza respecto al artista que me somete a su mundo, sabiendo que me puedo entregar a su narración sin desconfianza.
Finalmente se hace notoria la imposibilidad del escape, no porque no hayan medios, sino porque una vez abandonada la resistencia del hábito, el protagonista debe aceptar que su existencia en la duna no es distinta a la de ciudad, por lo menos ahora tiene una pareja.
Quedo sorprendido con la belleza que logra la obra, el núcleo existencialista que me recuerda mis mejores emociones como lector, sumergido en oscuros mundos kafkianos, como el caso de este hombre, que siempre se siente extranjero en el mundo y acaba por aceptar la vida sin razones, tolerando siempre las nuevas condiciones que se le plantean, como marcha heroica en un mundo absurdo.











