
Por Saila Huusko
Ukamau (1966) del director boliviano Jorge Sanjinés, es de esas películas capaces de construir una narrativa sólida y eficaz partiendo de una premisa simple en un mundo pleno de significados y simbolismos. El rodaje de bajo presupuesto en blanco y negro, es un fiel representante del espíritu del Nuevo Cine Latinoamericano y sus aspiraciones de entregar mediante sus historias un significado social y político, en donde el mensaje importe más que los detalles técnicos, lo cual a su vez, representa un alejamiento del cine comercial norteamericano que en aquella época reinaba el mundo del cine. El objetivo principal de este movimiento es ser un “espejo de la sociedad” y un lugar de reflexión para ella. Por ello los personajes en Ukamau no serán individuos aislados en sus preocupaciones, sino representantes de grupos colectivos. A pesar de esta yuxtaposición tan maniquea entre quienes encarnan a los malos y los que se representan como inocentes, y tal vez por esa misma distinción, Sanjinés logra lo que desea: relata un mensaje. Pero esta aspiración y acento en el significado social no quiere decir que el realizador boliviano no logré momentos de gran maestría en aspectos técnicos. Al contrario, la fusión de influencias del Neorrealismo Italiano, de la misma escuela del Nuevo Cine Latinoamericano y de las propias innovaciones que plantea Sanjinés, dan a luz una película que contiene una gran belleza fotográfica, con un especial manejo de la luz, cortes poco tradicionales y una alternancia nueva entre planos en espacio y tiempo.
Superficialmente Ukamau se sostiene en una narración relativamente simple: ocurre un homicidio, y luego, el resto de película se conduce a vengar tal hecho en busca de reparación y justicia. En la primera escena el protagonista, Andrés Mayta, miembro de una comunidad indígena del altiplano boliviano, sale de su casa para ir a una feria y se despide de su esposa Sabina quien se queda en el lugar. Poco después Ramos, un comerciante mestizo, llegará al hogar del matrimonio en busca de los productos que éstos fabrican. Inmediatamente Sabina se comporta con sospechas frente a este visitante, sus dudas se verán confirmadas rápidamente cuando Ramos intente violentarla sexualmente. Sabina ante ello se resistirá fieramente, ante lo cual, caerá víctima de la insensatez e irracionalidad delictiva de Ramos quien la asesina fríamente. Al volver Mayta, descubre con sorpresa y espanto a su esposa moribunda, quien con el último halo de vida que le queda le revela el nombre de su asesino. Este descubrimiento será el detonante de de las siguientes acciones, en donde Ramos trata de evadir todo tipo de responsabilidad y Mayta, a su vez, busca consumar su venganza.
Las historias que giran en torno a un crimen y posterior desagravio no son nuevas en la historia del cine, de hecho en los westerns es común este tipo de argumento, lo nuevo en la película de Sanjinés es la forma en que se narran los eventos. La estructura no se rige por el sistema clásico de tres actos, sino más bien es una sola larga secuencia en búsqueda de la verdad. El realizador boliviano reconoce la influencia del Neorrealismo Italiano en su cine, éste se caracteriza por tratar temas de tensiones sociales y la situación apremiante de los desfavorecidos y oprimidos. Las preocupaciones morales serán más importantes que el éxito comercial, y varios de esos rasgos típicos del Neorrealismo estarán presentes en Ukamau: la utilización de planos largos y planos generales, actores no profesionales, el manejo de la cámara, que en su necesidad de observar como testigo casi presencial los hechos que ocurren frente a sí se convertirá en una extensión de la mano.

Esto porque el Neorrealismo tiene justamente sus raíces en el cine documental, y Ukamau no escapa a ello como un híbrido entre cine de ficción y el cine documental. Los realizadores Neorrealistas solían también aflojar los códigos narrativos para incluir escenas consideradas poco trascendentes o irrelevantes para la historia central en el cine tradicional. Esta flexibilidad se evidenciará en Ukamau especialmente en las escenas enfocadas en la vida cotidiana de los protagonistas. Operaciones diarias como limpiar la casa o plantar semillas en el huerto están constantemente presentes en la película. Se muestran además tradiciones más festivas como una boda o un rito funerario. Sanjinés se detiene en la vida cotidiana de los indígenas, escenas que pueden parecer superfluas pero que guardan un alto contenido simbólico. Esta obsesión de Sanjinés es una manera de utilizar al cine como un medio de información que permite comunicar al espectador el modo de vida indígena. Al prestar atención a estos detalles podemos empezar a entender la cosmovisión indígena, como en la escena en que la mujer de Ramos está alterada por una araña al interior de su casa pues es un augurio de malas noticias.
El deseo Neorrealista de representar el mundo y las relaciones entre los hombres de una forma lo más cercana posible al mundo real, llevará a Sanjinés a trabajar con actores no profesionales, decisión que lo aleja de fenómenos comerciales como el Star System, tan valorado en Hoolywood. Esta ayuda que los grupos étnicos le brindan al realizador queda explicitada en los créditos finales, donde figuran los agradecimientos a quienes participaron en la película.
Los personajes de Ukamau están a su vez fuertemente yuxtapuestos entre las comunidades originarias y la sociedad mestiza. Esto quizás como una búsqueda de la verdadera identidad boliviana por parte de Sanjinés, quien parece entender este concepto identitario más bien en estos grupos indígenas que en la pretendida sociedad boliviana. Con costumbres y lenguaje propios, las comunidades étnicas priorizan por sobre todo el espíritu de grupo, lo colectivo por sobre el protagonismo individual, lo que correspondería a la concepción andina de la armonía social. El inevitable conflicto entre las distintas percepciones de mundo, que conviven de manera tan extrema y manifiesta en Bolivia, será un asunto prominente en los años sesenta, y lo sigue siendo hasta hoy. Sanjinés aborda el peligro que corre el mundo indígena de perder su cosmovisión cíclica del mundo, asumiendo la responsabilidad de hacer visible al público una parte importante de la historia social y cultural de Bolivia.
Sabina, la infortunada esposa de Mayta, quien se hace presente tan solo 20 minutos de película, es un personaje inocente que busca encarnar los valores de la mujer indígena: de mirada ingenua, preocupada de sus responsabilidades domésticas y del negocio familiar, se muestra siempre sonriente mientras conversa con su marido. De hecho está ocupada en esas labores diarias cuando el infame de Ramos aparece para amenazarla, acosarla y luego darle muerte. Andrés Mayta, luego de la matanza de su esposa, contará con toda la empatía del espectador para llevar a cabo la empresa de vengarla. El personaje en sí también es de una gran pureza, suave, respetuoso, sus acciones violentas y la barbarie final parecen enteramente justificadas por un sufrimiento que se enfatiza por sus constantes visitas a la tumba de Sabina. Sanjinés incluso propone un montaje de acciones paralelas de Mayta junto a la tumba con flashbacks de su boda, lo que acentuará la pena que el espectador sienta por su situación.

En cambio Ramos, el mestizo, no tiene nada de amable o positivo en su carácter. Es belicoso, agresivo y alcohólico. Su raison d’ètre es la explotación de personas como Mayta, a quienes se sienta a mirar mientras ellos cargan pesados sacos. Incluso en su vida privada mantiene esta misma actitud agresiva y de malhumor, pues también golpea a su mujer. Luego de la violencia que ejerce sobre Sabina, su remordimiento no es moral sino más bien miedo a ser descubierto y castigado por su crimen.
En Ukamau hay una marcada diferenciación entre el blanco y el negro: buenos y malos, indígenas y mestizos, colectividades ancestrales y personajes individuales con sus egoísmos y accesos de locura, un mundo maniqueo que pareciera no conocer las mediatintas. Sabina y Mayta representan al pueblo indígena explotado por la comunidad mestiza boliviana, representada a su vez por Ramos, quien se convierte en un grupo humano que desconoce su propio pasado y mantiene su ignorancia sobre los pueblo de su propio país. Tal conflicto es patente cuando, luego de saber la terrible noticia del asesinato de Sabina, el consejo de sabios afirma que “no pudo ser nuestra gente”. Se entiende entonces “nuestra gente” en oposición a “su gente”. El problema radica en que ambos grupos conviven y comparten un mismo lugar, un mismo país, este es el conflicto profundo que quiere reflejar Sanjinés a su público.
La naturaleza tiene también un papel importante en Ukamau. La película está llena de planos generales que exhiben la grandiosidad del paisaje andino. El desierto, las montañas y los lagos se constituyen como el espectacular escenario en que se representan las acciones; que gracias a un efectivo uso de planos secuencias en que grupos de personas caminan largamente por aquellos agrestes terrenos, nos deja entrever la grandiosidad del espacio latinoamericano. La naturaleza se convierte realmente en un personaje más, y llena la pantalla con el ciclo de luz y oscuridad, frío y calor, que alternan el paso de los días y meses en que Mayta buscará a Ramos para consumar su venganza. Son los ciclos de la tierra, los ciclos del mundo de estos pueblos que viven en la tierra, de la tierra y con la tierra. Ramos por su parte se va quedando solo y aislado en el pueblo, incapaz de detener la fuerza de la determinación de Mayta.
La conformación de la escena final, una pelea implacable en medio desierto en donde un indefenso Ramos nada puede hacer en contra de su destino, guarda semejanzas con la escuela Soviética de montaje. La alternancia de primeros planos de las piedras, ojos desorbitados y manos que forcejean desesperadamente, van construyendo la lucha entre Mayta y Ramos. Es plausible la comparación con la famosa escena de las escaleras de Odessa del Acorazado Potemkin por la complejidad, fragmentariedad y solidez de un montaje a todas luces expresivo. Al mismo tiempo, el concepto de “persistencia de la mirada” que introducirá André Bazin también se hace presente en Ukamau, lo cual posiciona a esta película como un destacado cruce de escuelas y ejemplo de la experimentación del cine latinoamericano.

Otro elemento propio del cine de Sanjinés es la apropiación y particular lectura que hace de sus influencias. Del Neorrealismo por ejemplo toma muchas de sus opciones estéticas y pautas de producción, pero a diferencia de éste, el realizador boliviano sitúa su historia en un espacio agrario, lo cual produce un impacto distinto del medio urbano que las semidestruidas ciudades italianas prestaban como escenario para sus películas. El mismo Sanjinés hace mención en alguna de sus entrevistas que las limitaciones económicas de los cineastas latinoamericanos fueron más duras que las de Italia. Mientras que ambos grupos de realizadores se sentían orgullosos de realizar un cine austero, pero no determinado por condicionamientos comerciales, según Sanjinés los italianos siempre contaron con un mejor sistema de distribución. Además el Neorrealismo Italiano perdió su urgencia cuando empezaron a mejorar las condiciones económicas en el país. En Bolivia en cambio el conflicto continuaba, y continúa hasta el día de hoy. La diferencia fundamental entre ambos países es el hecho de que en Bolivia somos testigos de un país con fuertes divisiones y diferencias tanto culturales como económicas que se instalan como problemas profundos en el país, en cambio en Italia nos topamos con una sociedad con problemas económicos y morales producto de haber perdido la guerra.
La fuerte presencia de simbolismos en Ukamau es también otra distinción propia del Nuevo Cine Boliviano. Por ejemplo, al comienzo de la película un perro de nombre “diablo” mata a la gallina de Sabina, adelantándose y metaforizando los sangrientos hechos que pronto ocurrirán en la misma casa. La música es otro elemento fundamental y lleno de simbolismos en la película. Ramos siempre estará acompañado de una siniestra música orquestal, mientras a Mayta lo representa una sencilla y omnipresente melodía de flauta, pues a medida que éste acorrala a Ramos la melodía comenzará a aparecerse y perseguir a Ramos como un fantasma.
El final de Ukamau es representativo de esta percepción cíclica del tiempo tan propia de la cosmología de los pueblos originarios americanos. El círculo se cierra en torno a Ramos y la inevitable venganza está pronta a cumplirse; para Mayta a su vez, esto no es el fin, sino la posibilidad de un nuevo comienzo, pues la muerte da paso a la vida. Muy típico del Nuevo Cine Latinoamericano, el combate final se ubicará en el desierto, lo que enfatiza a la naturaleza como un personaje colectivo y siempre presente. Ukamau es la primera película de Sanjinés y se constituye como parte fundamental de una obra que irá luego perfeccionando, y como contribución al cine de su país, es una parte importante en la conformación de un cine propio que busca reflejar la sociedad boliviana y su grito por alcanzar la tan ansiada igualdad social.











¡Inolvidable película! La vi en mi infancia y se me quedó como grabada a fuego en mis retinas.
03 Nov 09 at 12:53 am #no la he visto, pero ahora sí la veré.
21 Nov 09 at 11:33 pm #