
Por Cristián Olea
2º Festival de Solistas en Solitario
Cine Arte Normandie
1º de agosto 2009
Santiago de Chile
La 2ª versión del Festival de Solistas en Solitario reunía a una buena muestra de, según mi opinión, lo más atractivo de la música popular en Chile en la actualidad.
Y las butacas del Normandie confirmaron la buena salud de este nuevo estallido de cantantes solitarios.
Si bien no agotaron las entradas como lo hacía Chinoy hace algunos meses en el mismo teatro, la gente respondió (incluso con un precio que amenazaba a los bolsillos proletarios y resultaba cómodo para los niños universitarios izquierdistas de buena familia).
El cartel prometía y la producción fue tan sobria e íntima que logró la atmósfera perfecta para establecer un vínculo fraterno con cada uno de los que pisaron el escenario.
Abrió Leo Quinteros con un show correcto pero algo distante, hasta carente de emoción. Si bien no se caracteriza por una voz visceral ni mucho menos, otras noches estuvo más intenso con la guitarra en las manos. Tal vez está más concentrado en las sesiones de su futuro disco y la falta de empatía le pasó la cuenta. Sin embargo, hizo un set que recorrió los hits de sus distintos álbumes, priorizando Los Accidentes del Futuro; logrando su punto máximo con La Enredadera, haciendo sentir que definitivamente estábamos frente a un clásico que bien pudo ser parte de los singles de La Nueva Canción Chilena.
Después vino Diosque, el invitado internacional. Un argentino con un estilo muy particular. La verdad, a ratos me faltaban elementos para analizar su entrega en el escenario. Una guitarra muy folk, con un rasgueo incesante y monótono. Arreglos minimalistas, que luego eran intervenidos por quiebres inesperados. Esto último, permite que la voz vaya jugando con melodías desconcertantes; a ratos disonante y repetitivo; es un poco la sensación de estar en una escena de Rayuela, escuchando al hijo de Leo Masliah. Para mí, inclasificable y necesario de digerir en la casa o caminando por la calle. Así, de buenas a primera, me sumía en el letargo. Bueno tal vez, ese es el objetivo.

Las pequeñas pausas no dieron para treguas mayores. Más allá de terminar la cerveza corona de regalo que me hizo olvidar las 7 lucas, había que entregarse a las golosinas clásicas del Normandie y ver como continuaban apareciendo en escena (debo reconocer que mi memoria estaba un pelín alterada y no sé si el orden que continúa es el correcto). Bueno, Fernando Milagros era mi esperanza. Conocía un par de temas y tenía en mis antecedentes buenos comentarios. Y esperé, esperé. Encontré un par de momentos altos, pero no logró convencerme del todo. Sin duda hay oficio y una buena voz. Pero, desde mi perspectiva, falta sorpresa, las mínimas elevaciones que permitan alcanzar estados de mayor complicidad y emoción.

Con Camila Moreno, recuperamos gran parte de lo que buscábamos. No sé si es que su estilo simplemente está más cerca de mis gustos, pero aquí la irreverencia y el desenfado se equilibran de manera adecuada con una voz desgarradora y una lírica contestataria. Desde su manera de pararse en el escenario y de interactuar con el público, pasando por los cambios de intensidad vocal y el bien elegido repertorio, Moreno logra convencer. Por lo menos, queda la certeza de que germina con fuerza un torbellino creativo diverso y profundo. El entrecruce de actitudes propias de una Pj Harvey latinoamericana que se volvió loca con Violeta Parra y soñó que Tori Amos se olvidó del piano y se obsesionó con la guitarra; todo eso está en esta mujer que parece indestructible y que en su fragilidad crea la posibilidad de una esperanza, de una revancha en cada lucha individual y cotidiana.
El final arrojó conclusiones decidoras. Con un Manuel García que esbozó ciertos comentarios en torno a días difíciles (de hecho no pudo estar en la despedida de Jirafa Ardiendo) la noche comenzaba a despedirse con un show impecable. García derrochó experiencia y entrega. La capacidad para manejar distintos cuadros y atmósferas sin caer en la dispersión, es notable.

Junto con Camila Moreno, fueron los únicos a los que les pidieron un bis. García volvió en dos ocasiones. Y cuando ya no quedaba con qué cerrar, se despachó una versión de Te Recuerdo Amanda. Decisión que puede ser un comodín a esas alturas, pero que al avanzar nos va demostrando que valía la pena volver a cantarla.
Sin duda, seguirá valiendo la pena seguir apoyando este espacio. Un Festival que, si logra ser más generoso en la inclusión de cantantes emergentes, puede ir haciendo historia. Por lo menos, ya nos regala la posibilidad de escuchar estos interesantes y maravillosos trabajos en una sala plagada de memoria.
Fotos: Cristián Olea
posteado por hazard.
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posteado el Mie, 05 Agosto 2009 at 12:30 pm











Totalmente de acuerdo. No sabía que le aquejaba a García :o
09 Ago 09 at 10:14 pm #