
Por Cristián Olea
Puede resultar una maravilla tener un deseo y poder resolverlo sin intermediarios. Por ejemplo, querer un disco e ir en su búsqueda. Desear una obra y conseguirla directamente de manos de su creador.
Creo que aquel acto, incluso, puede ser lo que determina el producto artístico en su profundidad. ¿Qué hace a un músico distribuir su música de esa manera? ¿Existirá una conexión entre lo que inspira su obra y la manera en que la comunica, registra y hace pública?
Y si bien, el cuento de la autogestión y la independencia ya tienen su historia en Chile; es medianamente reciente la extensión de estas éticas y prácticas a la más amplia diversidad musical.
Fui al Taller Sol en busca de Introducción a la Geometría, el nuevo disco de Javier Barría (sí, rima, lo noté). Y lo encontré. Después de ver un envolvente show sustentado en la voz, la guitarra y un “arsenal” de pedales, pude hacerme de aquella nueva entrega de este cantautor.
Camino a casa, miraba el arte del disco. Con unas cervezas circulando por mi cuerpo, ya apreciaba la potencia de la imagen que ocupa la carátula. Un triángulo de parchecuritas y el color rojo. Un avance en la producción del objeto en sí. Este disco es editado en sociedad con Infanta Terrible, cuestión que al parecer ya le otorgó mejor distribución y claro, una edición más elaborada.
Pero los parchecitos seguían rondándome. Al abrir la cajita que contiene el disco, pensaba en mi propia introducción a la geometría, a las marcas e incluso heridas que puede dejar toda iniciación a los espacios áridos de la existencia o el conocimiento humano. ¿Cuántos surcos deja el comienzo? ¿Cómo esos surcos te dan identidad o son “heridas de guerra” que testimonian experiencia, recorrido?
Y sin duda, que el camino y el desplazamiento son para mí ingredientes ineludibles que marcan el set de canciones que conforman el disco. Aquí la primera respuesta a las preguntas del inicio. Barría se autodefine como un cantautor virtual o wi fi. Canto que se hace en un contexto teconológico distinto, en medio de la revolución digital; con las transformaciones de las relaciones sociales que esto implica y con la reinstalación de la producción artística que permite este nuevo escenario. Y esto, que podría parecer ya marca registrada de Javier, se resignifica aún más cuando puedo leer cómo se grabó.
Ya ha comenzado el primer tema y sabiendo que el registro de estas canciones iba de la mano del espíritu errante de esta voz, ya advertimos que las texturas musicales comienzan a derrochar carretera.

Con 2AM, Barría abre la ruta de manera fresca, liviana. Aquí estamos frente al mismo que pudo dejarnos la pegajosa y sutil secuencia de La Distancia; ofreciéndonos el lado más susurrado y con las reminiscencias del Melero más electrónico. Ya con Autopista, cierto universo contextual es más evidente y funciona como una declarada evocación del acto de despertar, recorrer y experimentar. De hecho, la base rítmica nos permitiría hacer la traslación comparativa de intentos (bastante pobres por lo demás) de canciones del repertorio “romántico” como La Carretera de Julio Iglesias; o una más cercana ( y mucho más digna de mencionar aquí) como Dream of the Return de Metheny con la perfecta interpretación de Aznar.
De aquí en adelante, es imposible no imaginar como los posibles espacios de soledad o las innumerables localidades que alojaron la humanidad de Barría durante estos últimos meses, terminaron contaminando la atmósfera de Introducción a la Geometría. El Ciudadano B se traslada, evoca, mira con distancia “de alguna forma la cura está lejos de casa “. Está en la ruta, errante.
Después de una efectiva y redondita Cortinas Naranjas, llego a darme cuenta que es mejor hablar de Venditas que “parchecitos o parchecuritas”.
Cuando ya el despegue es pasado, cuando hemos sintonizado la frecuencia adecuada de los paisajes, seguimos con un Barría más sugerente. No está el desgarro de aquellas canciones que nos sumergían y nos azotaban con declaraciones tremendas como en mi favorita Astronauta.
Entonces hay espacio para una detención, una pausa. Y ahí La Misma Madera funciona con una precisión adecuada. Nos quedamos con una canción que en cada tocata queda pegada en algún rincón de tu memoria. Es una especie de diálogo íntimo. Es una confesión en un lugar alejado y silencioso. Viene a mi memoria mi deambular invernal de hace un par de años por Buenos Aires, escuchando 12 segundos de oscuridad (Jorge Drexler).
Desde Foto Movida la baja en la intensidad es declarada. Tal vez la canción más potente en términos líricos. La imagen de la foto movida en un barco se concatena con la evocación a Barco Ebrio en un guiño a Rimbaud y la cadencia incansable de la guitarra. Aquí Barría ya ha demostrado la madurez y la versatilidad musical que lo destaca y ha ido posicionando como uno de los más originales cantautores de esta generación.
Algo anuncia el retorno o por lo menos el agotamiento del aire contemplativo inunda el disco. Acantilado comienza preparnos para la despedida. Es una canción que aparece como cerrando un ciclo, haciendo la síntesis dramáticamente realista. En la antítesis del retorno o la condena, “dejaremos huella en medio del naufragio”.
La Introducción es la conclusión del disco. Con un acento parecido al de 2AM, dando el ánimo de continuidad o posibilidad de recomenzar. Volver a hacerlo de nuevo, como una forma de vida. Como ir a tocar y en el camino pensar en canciones. Terminar un café o un trago y volver a grabar algo. Será antes de cualquier noche en que se vuelvan a encender las luces que nos invitan a pensar que el escenario tal vez es un aeoropuerto.
Para más info visita:
Javier Barria Myspace
Javier Barria Blogspot
Infanta terrible Producciones
posteado por Su.
tags ARTICULO, AUTOGESTION, CRITICA, MUSICA
posteado el Mar, 04 Agosto 2009 at 3:36 pm











es increíble como javier, sus discos, y sobre todo este último -introducción a la geometría- hacen florecer buenos textos.
05 Ago 09 at 12:50 am #felicidades.
manuel