
por Susana Díaz
Pejesapo: Un híbrido entre la ficción y el documental que apuesta al bajo presupuesto como una nueva posición ética y estética.
En las siguiente líneas se analiza el filme “Pejesapo (2007). Se desarrollan dos ejes: 1) Nuevas superficies del realismo desdoblados en un híbrido constante “entre” la ficción y el documental. 2) El bajo presupuesto, como una apuesta ética y estética. Este montaje nos propone enfrentarnos al filme desde las operaciones híbridas de su contenido y la crudeza ética y estética de su-superficie.
En una clase monográfica sobre Godard se empieza a discutir sobre los límites entre ficción y el documental un tema recurrente dentro de los asistentes más lúcidos de ese curso. Un alumno habla de un filme chileno desconocido para mí hasta ese momento, Pejesapo de Luis Sepúlveda. Nos cuenta que ha leído una reseña en la que él, como crítico, no puede comentar el filme porque no sabe si es ficción o documental. En el fondo, no podía definir los límites de esta operación fílmica.
Busco la crítica, no encuentro nada que se refiera a esta imposibilidad de análisis. Sólo localizo un par reseñas que hacen referencia a la mezcla entre ficción y documental, acercando el filme hacia las estéticas neorrealistas y al cine de protesta y denuncia de los años 60.
Pejesapo más que un nuevo neorrealismo geopolítico es una película que se sitúa “entre” la ficción y el documental por medio del hibridaje en una serie de operaciones propias del cine manierista (pos-moderno). Sobre todo por la extrañeza que provoca el absurdo distanciado de su puesta en escena, representación que nos introduce a diferentes universos atemporales dentro de nuestra localidad nacional. Ejercicio nuevo en el cine chileno que juega con este estar “entre” dos definiciones de la representación de la realidad. Pejesapo se acerca a lo inclasificable propio de este juego de realidad brutal y extrañamiento con una fuerte dosis de nihilismo proletario.
El filme se inicia presentándonos a su protagonista Daniel S. S., un hombre que ha regresado de la muerte expulsado del río en donde intento sumergirse en un corte de locura suicida. Al recuperar la conciencia no sabe donde está, cuantos años tiene y cuando llegó a este pueblo casi fantasma. Extrañamente quiere ser adoptado por una pareja de viejos proletarios casi seniles. En esta primera parte del filme, más cercano a la ficción, se nos introduce en una atmósfera que nos sitúa en una estética geopolítica latinoamericana de una tradición literaria Rulfiana. Y es, a su vez, el segmento más provocador de esta extrañeza propia de lo inclasificable que me recuerda lo que produce el cine de Raúl Ruiz. Operaciones narrativas que aluden a un imaginario de localidad rural, casi surrealista. Personajes abandonados en parajes fantasmagóricos dominados por una lógica del absurdo lleno de un perturbador magnetismo
Cuando Daniel S. S. deja atrás este pueblo y llega a la cuidad se pasea por las calles pidiendo trabajo. El filme da un salto de eje hacia el cine documental con un corte de denuncia social. La cámara es desafiante e irónica, es el juego que establece con sus interlocutores las personas a quienes Daniel S,S. les pide trabajo. Seguidilla de secuencias que ponen en la superficie la realidad de un hombre con problemas mentales y ex convicto, que por su aspecto y antecedentes no se logra insertar en la sociedad.

Y finalmente las texturas más crudas de la ficción y su puesta en escena más realista, hibridados constantemente bajo un sarcasmo cruel y un nihilismo total como rasgo de su protagonista. Las imágenes nos muestran la vida de Daniel S. S. fumando pasta, la convivencia con su esposa con retardo mental y la escena más realista de su affaire con el travesti Barbarela. Todas cargadas de ironía y una fuerza interpretativa pocas veces vista en el cine chileno.
Pejesapo es un filme de bajo presupuesto que propone una apuesta ética y estética en la forma de hacer cine. Su feísmo estético es coherente con su contenido. Por un lado, una apuesta con reminiscencias a las estructuras rupturistas del cine moderno que cree en el error como forma narrativa, y por otro lado la extrañeza y brutalidad que provocan las nuevas operaciones de un cine posmoderno descarnado en la crudeza de su realismo .
El no querer corregir sonido y subtitular; no preocuparse mayormente de la fotografía; ( en algunas tomas hasta se ve una mosca sobre el lente)y optar por una dirección de arte que mantenga los elementos reales de las locaciones de rodaje, van de la mano no sólo con esa opción estética del bajo presupuesto, sino también con una forma ética y política de mirar la realidad. Talvez este es el punto que da veracidad a la película, su fuerza y realismo.
Pejesapo es una película proletaria, es un cine independiente que habla de los que no tienen voz. No cae en la caricatura y el esteriotipo con el que se ha tratado a los marginales a lo largo de la historia del cine chileno. Es una película que hay que ver y que creo marcará precedentes en la forma de hacer cine. Y a la vez nos recuerda que sin dinero, pero con una buena idea y un buen equipo, se puede hacer un buen producto políticamente incorrecto. Con la persistencia de los que crean nuevos caminos, nuevas formas de representación.
Lo que botó el rio
por Alejandro Torres
“El Pejesapo”, ópera prima del director José Luis Sepúlveda, parece ser un tributo a lo marginal. Su historia escapa con creces de aquella recurrente caricatura con que el cine y la televisión han abordado este tema en nuestro país .
Recuerdo una clase con Sergio Rojas, profesor de filosofía y estética del Diplomado en Semiótica de la Universidad de Chile, cuando habló del “sujeto-popular”. Nuevo término acuñado por los medios de comunicación y por el cine desde la década del 90′, imagen post moderna que definiría la visión hacia lo marginal en nuestros audiovisualistas locales.
El cineasta se siente atraído por lo periférico, ahí encuentra el hibridaje de lo real, sin embargo su visión es limitada. Para Sergio Rojas, la visión del cineasta sería como: pasar por una carretera que se encuentra sobre una población, de vuelta de un viaje a la costa, detenerse en la berma, y desde ahí observar, a través de las rejas de contención, luego subirse al auto y alejarse a un cómodo domicilio, con la convicción de haber visto y conocido lo marginal, y la peligrosidad que conlleva.

Con esta imagen, el profesor hacía metáfora del escaso conocimiento reflexivo y empírico, de la mayoría de los audiovisualistas hacia los espacios marginales en nuestro país. Por lo tanto, para él, hablar de “sujeto-popular” y llevarlo a escena (ya sea en el cine o la televisión) sería como travestir, exagerando la caricatura a sujetos que se verían luego en pantalla distorsionados y generalizados, como un espejo que desfigura. Así han de verse los individuos que viven en poblaciones y zonas sub urbanas. Dado a su vez, que este gran segmento social, es el principal consumidor de TV, el grado de contradicción con que los medios les representan, puede ser perturbador. “Sujeto-popular” es un extraño cruce de contradicciones, no es compatible hablar de sujeto, con la individualización y particularidad que conlleva, y en el mismo término aunar lo popular como una generalidad del mismo.
Siguiendo esta idea, hablar de un pejesapo, especie de anfibio y pez especialista en camuflaje; calza inteligentemente con la imagen que Sergio Rojas distingue en el modo de representar a personajes marginales en el cine y la televisión local. Dando como resultado, sujetos que se reconocen desde la niñez a partir del estigma con que es visto su medio, generando una lógica ruptura hacia lo establecido, una separación aún más aguda socialmente, y una especie de conciencia de existir desde la representación ya instalada, de aquí el factor camaleónico y acomodadizo, que calza muy bien con el pejesapo.

Este film es la marginalidad que se nos viene a la cara, sin mediaciones. Es la representación en su estado patético: un actor que nos es actor, auto representándose, de manera magistral, vale la pena decirlo, nos confirma el estado casi consciente, que ocupa el individuo marginal, como construcción de sujeto. Construcción moldeada desde lo histórico, por supuesto, pero repasada principalmente desde los medios de comunicación que han hecho caricaturas y estigmatizaciones; donde el individuo no le queda otra alternativa que emparentarse y superar lo ya caricaturizado, casi en una situación travestida de sí mismo.
Así, en la película de José Luis Sepúlveda, todos los personajes parecen sacados de un mundo freak. A primera vista son la convencionalidad de lo marginal, asociado a lo sucio, inmoral, ilegal y carente de belleza. Sin embargo, estos personajes nos traspasan un aspecto orgánico, particular, humano, que sobrecoge y agrede; es el peso de lo social, lo que estamos viendo en ellos. Estos personajes llevan sobre sus hombros la estigmatización y el castigo de ser los de afuera; los que bordean lo urbano, los que orillan lo permitido; lo que botó el río, los “suicidados por la sociedad” diría Artaud ①.
El protagonista, Daniel S.S., es rescatado de las aguas del río Maipo, donde intentó suicidarse, para volver a las mismas condiciones que lo llevaron a esta drástica decisión. De esta manera, la película nos atrapa, como el medio a atrapado a sus personajes y a toda su descendencia. La escena de Daniel, obligando a su pequeña hija a que le muestre sus cuadernos para ver si ha hecho sus deberes, es descarnada, ahí vemos el medio regenerándose en un círculo vicioso, que casi no permite la posibilidad de evasión. Es el juego de castas y elites, que se suceden gracias a los círculos de pobreza y marginalidad inamovibles, en una especie de representación eterna. “El gran teatro del mundo” ② todavía presente, alimentado por las oligarquías y plutocracias, aún detrás de nuestros gobiernos Latinoamericanos.
El Pejesapo, entonces, es una experiencia cinematográfica que da un respiro al modo de hacer cine, dependiendo de sí, de la creatividad y no del presupuesto. Planteándose de igual a igual con el mundo puesto en pantalla, es decir, un tratamiento en cámara tan sucio y fuera de lo permitido como los espacios y personajes que estamos viendo. Un cine sencillo, que nos golpea al rostro, haciendo desaparecer esa benevolencia paternalista y ese escudo romántico y desvinculado con que políticamente es visto lo marginal. Un trozo de vida llevado a la pantalla.
① “Van Gogh el suicidado por la sociedad” obra de Antonin Artaud, poeta y teatrista francés. (ed Argonauta, 1971)
② Obra de Pedro Calderón de la Barca, literatura española barroca del siglo XVII.
posteado por Su.
tags ARTICULO, AUTOGESTION, CINE, CRITICA
posteado el Vie, 24 Julio 2009 at 10:25 am












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