
por Cristián Olea
Al ver y escuchar a toda esta camada de bandas alternativas año 2000 que en más de un disco publicado, hacía un guiño hasta grosero a Joy Division, podríamos hablar del ya mañido concepto de rescate o reinvención de un sonido.
Sin duda, muchas de estas bandas lograron la reminiscencia y la reinstalación de sonoridades de parte de la contracultura de fines de los ‘70 (esa que algunos llaman postpunk)que pensábamos relegadas al pasado . Y por cierto, la superación de aquellas texturas es un síntoma también de cómo nuevos procesos de continuidad y discontinuidad fueron alterando el devenir histórico de la música y de lo que ésta puede llegar a representar.
Con el tiempo, vinieron documentales, reportajes, artículos y hasta el ya célebre largometraje Control. Lo que con 24 hours party people consideramos un pequeño acto de memoria y reinvindicación de Curtis y sus amigos, ahora luce en perspectiva como muestra de lo que se incubaba: “la fiebre por Joy Division”. Ya no es Manchester en general; tampoco la mención a lo que puede entenderse como el contrapunto depresivo y autodestructivo a The Smiths; menos la oscura densidad que creció tras la fama de Buzzcoks. Es Joy Division en pleno, con su estética inigualable; aquel desconcierto hecho música; aquella especie de explosión anónima que termina diseminando toda forma de humanidad en una esquina olvidada de aquel apéndice de Manchester.
No bastaba con estas bandas que, con ciertos matices entre una y otra, se volcaban a la intertextualidad citando constantemente la forma y la superficie del “aura Division”. Aquello era un acto romántico, apreciable, pero que nos dejaba con gusto a poco. Lo que necesitábamos era la irrupción de la obra original. Pero una irrupción que nos permitiera reinterpretar cada unas de sus canciones; en el contexto actual de flujo global de la información, poder acceder a cada uno de los rincones de lo que en el pasado llegó hasta nosotros en formato de cassette o vinilo (y en estados, muchas veces, deplorables)
Es por esto, que la edición de estas Reversiones de Ian Curtis/Joy Division, viene de alguna manera a completar el ciclo. El trabajo de Caja Negra Editora nos conecta con la lírica de Ian Curtis y con la estética de Joy Division en una profundidad admirable. Aquí emergen las letras pero en una contextualización y reinterpretación que es producto de un trabajo ambicioso y bien logrado. Aquí no se pretende la mera traducción (o traición, como ya advierte el viejo adagio traduttore, traditore) sino que se persigue el reversionamiento de estas texturas. En este volumen se va al rescate de la obra de Joy Division, intentando evidenciar lo que le permitió alcanzar su singularidad y al mismo tiempo, establecer una mirada igualmente particular, a través de la intervención poética de diversos autores.
Las reversiones logradas por Cassara, Dupont, Echavarren, Nachon y Percia, viene a resultar una especie de síntesis experimental (lingüística y literaria) que nos instala frente al sentir de Curtis y la potencia creadora de la banda. Como platean sus editores en la contratapa: “esto no es un cancionero”. Y el logro es más que óptimo. Desde el formato elegido (cercano al libro-objeto), pasando por un breve pero ilustrador prólogo de tono ensayístico y la sobria pero ajustada diagramación de su interior; todo está en la sintonía precisa para sumergirnos en cada una de las estocadas curtianas.
Una edición digna de ser rastreada, encargada, conseguida, disfrutada y atesorada. Cada poeta tomando un set de canciones, explorándolas e interviniéndolas, para entregarnos su propia versión de ellas en español.
Por nuestra parte, lo conseguimos en Argentina, esperando a que pueda atravesar la cordillera y estar disponible para aquellos y aquellas que comparten el equilibrio desolador entre sonido y silencio que sólo Joy logra asestar en cada una de sus composiciones.

IAN CURTIS/JOY DIVISION, REVERSIONES
116 págs.
Caja Negra Editora
Buenos Aires, Argentina










