
Por Contanza Miranda
Rainer Werner Fassbinder murió en 1982, a los 36 años, tras haber dirigido un puñado de peliculas fundamentales para comprender el cine moderno. Un Año con Trece Lunas es una de sus obras importantes.
Los últimos días de Elvira. Los últimos días de Erwin. Los 5 últimos días que caen como rocas de cemento y que nos permite entender por qué es imposible seguir viviendo con tanto dolor.
Para Elvira fue un trabajo tremendo lidiar con el cansancio de estar buscando el cariño de manera desesperada y encontrar, como moneda de cambio, los insultos, las risas, la burla y la traición de quienes más la debiesen querer. Si Elvira fue olvidada por su madre, puede ser olvidada por cualquier persona que la conozca y quizá está ahí la respuesta de su desesperada búsqueda por ser amada. Lo mismo que la que la condujo a una radical decisión: cambiar su sexo, cambiando su vida sólo por complacer los deseos de quién ella amaba.
Él por su parte, sólo satisface su hedonismo por medio de la fama que le ha otorgado ser un empresario connotado.
Al contemplar la obra de Fassbinder, lo que más tensa ver es a Elvira en esa soledad con la que carga, con la que convive y que le lleva a caer en un espiral donde la aceptación, la escucha y la comprensión no llegan nunca. Su angustia, sus deseos reprimidos son los que la llevan a anularse cada vez.
Primero anula su masculinidad cuando Anton Sainz (su jefe, hacia quien comienza a tener deseos sexuales) le dice que le gustaría que fuese mujer. Después, se anula de nuevo cuando escucha lo que la monja – que sabe su pasado – le cuenta: nadie la recuerda en su familia. Es grande el dolor y tan insostenible, que se desmaya.
Días después, Anton acepta una invitación a la casa de Elvira donde descubre a Zora – una de las mejores amigas de Elvira – y se encama con ella. Esta sería la última anulación; la más potente, la muerte. Pero el amor de su vida – quien nunca nunca la consideró- esa vez, ni siquiera se percata. La razón es simple: Estaba follando con una chica de verdad. Un tipo tan importante como Anton Sainz no estaba para dramas queen /queer de un chico que ha borrado todo rastro de masculinidad arrancándose los genitales y usando tacones.

La incomodidad que produce esta película, se debe a que nadie está acostumbrado a ver de modo tan patente la humillación y la búsqueda de cariño sin respuesta alguna.
La misión de Fassbinder acá es mostrar y poner en evidencia al excluido, incluso a nivel de composición fotográfica donde la mayoría de las escenas de Elvira transcurren en un tercio de la imagen. El uso de espejos es algo que se ocupo bastante en esta obra, siendo el reflejo (a modo literal) de lo miserable. Las referencias al pasado del personaje son a partir de lo hablado, donde desde el lenguaje se arma el canal que conecta el pasado con el presente y explica el no futuro.
Un Año con Trece Lunas termina siendo una película sobre el suicidio, el mismo que acabo con la vida del hombre más importante para el director. Esto es una forma de obligarnos a caminar en sus zapatos y, por lo mismo, él debió cuidar meticulosamente todos los detalles: Escribió, dirigió, montó y fotografió hablando desde el dolor y hacia el dolor.
La sensibilidad melodramática, la problemática de los excluidos, el ejercicio de contención de las pulsiones, bordeando el sadomasoquismo, son los condimentos que sazonan la poética de Fassbinder.





















