
Por Cristián Olea
Catedral en Coma, Radio Horizonte. 01/07/09
Un amigo me decía que no iba a fiestas kitsch ni tampoco aguantaba la Nueva Cumbia Chilena, ya que ambos fenómenos le parecían un rescate forzado y esnob de “la música popular” o del “recuerdo”. Y tal vez, existe un culto algo oportunista de ciertos espacios “taquillas” de lo que fue la memoria AM y de ciertos cantantes y grupos instalados en la tradición musical latina. Como también podríamos otorgarle cierto crédito al legítimo ejercicio del recuerdo, ese que nos conecta con melodías contextualizadas en espacios específicos de nuestras vidas. Sí, la evocación individual y colectiva que la música y otras expresiones artísticas logran suscitar en el ser humano.
Lo anterior vuelve a mi memoria invernal, cuando comenzamos a subir las escaleras del Catedral el primer miércoles de julio de 2009. El programa Catedral en Coma, que Radio Horizonte sigue transmitiendo en vivo desde ya cuatro temporadas, pone sobre el escenario a los legendarios Blue Splendor.
Quedan 10 minutos para que el show comience y en medio de la gente linda que inunda el lugar más los pocos infiltrados que siguen a la banda y hacen durar eternamente el cover asignado al pago de la entrada, recuerdo la primera vez que oí de esta mítica banda porteña de rock and roll. Vienen a mí los viejos Gangas, unos tipos bonachones del sur que tenían una banda y que se paleteaban con los instrumentos y equipos en el despertar provinciano de bandas preadolescentes con nula infraestructura para hacer rock. Bajo un parrón de la casa en la que ensayaban, el que creo era su bajista, dibujaba con palabras sus antiguas anécdotas como músico y entre ellas una declaración imborrable para mí: “cuando vi a los Blue Splendor me di cuenta lo que era una buena banda de rock and roll. Estaba en primera fila pega’o viendo al guitarrista”.
Minuto 9 y puedo ver, al final de la escalera, a los 7 Blue Splendor vestidos de impecable azul eléctrico. A pesar de las canas y el rock de puerto que llevan sobre sus hombros, se percibe ese nervio y espectación previa al abordaje. La transmisión radial se activa y los músicos, instrumento en mano, comienzan a bajar lentamente. Desde los costados: saludos, cariños, vítores; algún “viva Valpo!” y un aplauso cerrado para los protagonistas del celebrado y premiado documental.
De aquella tarde sureña en que sólo me quedé con la anécdota y el nombre, pasaron un par de años y en una vieja cassettería pillé una cinta de los mismísimos. Los Blue Splendor, una compilación del sello Star Sound. Por fin, ese nombre ahora tenía sonido. Pasó tantas veces por mi equipo y mi personal stéreo que mi una tía descubrió con sorpresa “el gusto retro” de su sobrino. Ante su devoción por la banda, terminé regalándoselo.
Ya están sobre el escenario. Las luces del Catedral acarician los bronces, la Stratocaster del canoso y carismático guitarrista (aquel que deslumbrara al guatón Gangas), también al bajista sonriente y al azul de todas sus chaquetas. Comienza la música y el sonido impecable de la banda y el lugar. Con ellos todo es un clásico. Se sucenden aquellas canciones que nunca olvidas. Más allá de si las postergas en tu lista de reproducción, vuelven a tu memoria y puedes cantarlas. El actual vocalista, que reemplazara al inigualable Rafael Palacios (el desaparecido bajo y voz de la banda), con una voz de Bingo bailable o Plato Único, va presentando cada canción que poco a poco van levantando a los asistentes de sus mesas. Pasan Hola Rosita, Verano sin Amor, Visión de Verano. Se despeinan los de la barra. Algunos famosillos intentan infructuosamente de demostrar que se saben las canciones y una misteriosa señora vestida provincia se apoya en el pasamanos y contempla como los Splendor deleitan a los treinteañeros que inundan el local.
Hacia el final, me concentro en las ventanas a las que da la espalda el joven baterista, reclutado en esta última etapa. Nos sorprenden con dos nuevos temas que acaban de grabar. Las luces de las avenidas que abrazan el Cerro Huelén (o Sta. Lucía) van completando el cuadro. Vuelven después del bis, rematan con un ya conocido medley de la Nueva Ola, intercalando algunos temas que estuvieron en el setlist. Esas avenidas ya no me parecen iguales. El frío será secundario, al sonar la última canción. Los años no pasan en vano y se nota, junto con el sudor de esta vieja leyenda de Valaparaíso que ha recorrido el mundo tocando para las colonias chilenas residentes, se percibe el oficio y la entrega.
Un aplauso cerrado y cariñoso despide a los Splendor y aquellas canciones inocentes e inofensivas de lo que podría ser la “prehistoria” del rock chileno, va quedando atrás. Una buena manera de ir consolidando una temporada más de Catedral en Coma; un registro inolvidable que podrá disfrutarse en CD en un tiempo más; un ciclo que se cierra y se abre, con los que alguna vez fueron sólo un rastro nominal en mi memoria y ahora cobran el sentido total: con presente, documental, memoria y evocación.











soy baterista de los blue splendor hace 1 años, disfrute mucho de tu comentario sobre la banda, creeme que realmente tocamos con mucho cariño y pasion por lo que hacemos.
05 Jul 09 at 7:07 pm #chao, nos vemos
son extraordinarios!!!
27 Nov 09 at 4:45 pm #