chinoy

Por Cristián Olea

Finalizaban los años 90 y un amigo me invitó a ver a un tal Pedro Lemebel. El taller sol estaba repleto y una lista de poetas precedía a la estrella de la noche, la que al irrumpir tímidamente en el escenario dijo: “acá atrás hay gente ensayando?…ayyy yo aquí sólo con mi voz frente a esos tarros que retumban tan fuerte…hay que pensar mejor qué hacemos con los espacios. Así que leeré…”

Hoy después de casi 10 años, con cierta similitud, la historia nos regala la figura sorprendente de un tipo solitario y su guitarra. Aquí comienza una canción interminable.

La sensación de que tu vida tiene sentido porque existe una banda sonora discontinua, multiforme e inesperada. Saber que para estos años, con sus noches y sus días tendrás una lista de canciones inolvidables que de alguna forma dirán algo de ti, la gente que te importa y de situaciones que consideras históricas. Estos dos arranques contextuales, podrían servirnos para entender…porqué se dio  un antes y un después de escuchar a Chinoy. Porque cuando nos hablaron de un tipo solo con su guitarra; cuando de cantautor; la vez que folk; incluso la desafiante caracterización de la trova punk; todas las referencias se quedaron a medio camino.
Llevamos años a la deriva seductora y angustiante de los microdiscursos. Cuesta imaginar el himno de masas que guitarra en mano entonara algún cantante comprometido con las grandes causas, sin pensar en la reiteración de las ya superadas apuestas estéticas setenteras, que escuchamos porque las consideramos un aporte en su contexto y una referencia histórica trascendente, pero que no necesariamente nutren las formas creativas que pudiera tener un sujeto como Chinoy.

Esta era posmoderna nos regala una camada de solistas que ya muchos califican como La Nueva Canción Chilena, algunos ven la reencarnación del espíritu “permante e inalterable” de aquella tradición que marcan Violeta Parra y Víctor Jara. Y sin duda las guiños e influencias existen, pero las maneras de instalarse en el canto y en el decir individual de estos creadores, existen las indispensables contextualizaciones históricas que infuyen en el nacimiento y desarrollo de sus creaciones. Desde ya, podríamos  plantear que tanto a nivel discursivo y estético, como  en su producción artística su instalación va por otros caminos. Podríamos pensar por ejemplo que Chinoy está comprometido con algun sentir colectivo, pero sería difícil plantear uno que lo determine y que lo conecte con miradas globales. Escuchamos sus canciones y derrochan calle, esquina, puerto, noches y mañanas frías del claroscuro inconfundible de la diferencia, pero ¿sería posible preguntarse si su lírica busca representatividad? ¿Viene su canto desde un territorio definido? Sería complejo hablar de pueblo, o de lo que entendemos como pueblo según los paradigmas hasta ahora dominantes. “Cuento el sueño pero no lo vendo” “marginales por no ser tan iguales”. Está el sujeto común y corriente o derechamente el desplazado; también la historia, la memoria, un posible sueño incluso, pero lejos se encontraría la esperanza concebida como una apuesta de masas situada e identificada con una ideología determinada o una colectividad. El canto de Chinoy te instala en la particularidad que se quiebra a cada momento, cada canción puede ser a ratos una caminata incesante. Son cientos de imágenes que se suceden con rabia y desenfreno, como también con nostalgia y desencanto. Es la desarticulación de lo que la Nueva Canción Chilena tuvo de panfleto, tuvo de excesivo discurso o también de una visión ilustradora de las masas oprimidas. Puede ubicarse como cierto coletazo de tipos que perteneciendo a la generación de los ‘80 aparecen cantando solitarios, como Mauricio Redolés o Alvaro Peña, por ejemplo. En Chinoy está el origen en una especie de vómito lárico que baja con el mismo ímpetu con que se recorren los cerros porteños rumbo al plan. Y a la vez está la soledad, la falta de expectativas, el abandono, el futuro como una mala aventura. Está todo esto sin necesariamente llamar a alguna lucha. Está la erupción de un volcán tímido pero amenzante, sutil pero estremecedor, que comienza con escuchar una voz que está diciendo una verdad. No importa cual, pero es realidad y está golpeando, como un mensaje que no podemos dejar de escuchar, sin necesariamente entender. Incluso hay canciones que podríamos decir que no hablan de algo en particular. El devenir de cada secuencia de acordes y el aluvión intermitente de impresiones contenidas en frases cortas, en versos que se incendian y se autodestruyen para inaugurar otro cuadro; así como quién gira irresponsablemente en una curva cerrada del tramado de una ciudad encerrada por el mar. Chinoy simplemente estremece desde algún sitio, desde algún recuerdo, desde alguna explosión en el presente. Es la mirada complementaria, el segundo que pasó por tu lado, el atesoramiento inservible de la cotidianidad dramática de vidas que se enfrentan en esta era en que nos regalamos identidades volúbles pero decididas. Existencias no planificables para una vida que busca intensamente un sentido.

Chinoy  también como parte de esta nueva generación tan heterogénea, de la cual siento que es la excepción, vive una contigencia creativa revolucionaria desde el punto de vista del contexto de producción de la obra. Con la “democratización de las tecnologías” que nos ofrece la nueva era digital del capitalismo, los músicos (como supongo el resto de artistas) han vivido un  mayor acceso a ciertos artefactos y canales a la hora de crear y difundir su música. En algún momento, el formato banda de rock constituía “la alternativa” para decir lo que pensamos acompañados de acordes y ruido. Y posiblemente fue el camino que muchos tomaron en un inicio. De hecho Chinoy sabemos que tenía a Don Nadie, banda de inspiración punk que albergó sus primeras batallas musicales. Sin embargo, la derivación a proyectos individuales se da en un contexto en que si bien se hacía más fácil conseguir instrumentos por vía del endeudamiento o de la compra directa (según el segmento social), el tener un proyecto colectivo y hacer música entre “más personas” a veces se torna más lento y difícil. Ya sea por el proceso creativo, como también por el gasto de energía y dinero que supone mover una banda.

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No queremos decir que esto último sea un verdad generalizada. Pero creemos que no es menor la relevancia que tiene para estos artistas el desde sus propias casas montar canciones e incluso discos enteros, subirlos a la red y que la gente los escuche. Chinoy, aún no publica su primer disco pero ya en cada presentación tiene a un público fiel que corea sus decenas de canciones. En dos años logró lo que en el pasado muchos lograron cantando en cientos de cafés, teatros, mitines, peñas, conciertos, recitales, concentraciones y con la publicación de discos, cancioneros y hasta apariciones en la radio. Chinoy posee una cantidad insuperable de visitas en su myspace y las grabaciones hechas en forma casera o registros realizados en vivo y/o recopilados por amigos, circulan en los reproductores o computadores de una fauna heterogénea que se extiende por Chile. En este canto, está el vértigo de esta época, está urgencia de una canto que sugiere la desarmonía y te invita a pequeños viajes colmados de sensibilidad urbana. Aquí había que cantar, de alguna forma, pero cantar…
Una imagen pequeña llena el escenario. Sé que vivo un momento histórico, como todos los momentos, pero con la plena conciencia de que será así. Porque estoy cantando y la emoción recorre mi cuerpo cansado que tendrá nuevas batallas hermosas en unas horas más. Más allá de la masa snob y la sensiblería cuica que va detrás del fenómeno Chinoy porque le parece “choro” o porque le gusta Valpo y “toda su onda” ; incluso compartiendo ciertos segundos con la intelectualidad de la izquierda tradicional que sueña con que este sí sea la reencarnación de Víctor Jara y que siente que bonito sería que este joven firmara por el PC junto con todos sus amigos. En medio de todos ellos, estamos nosotros, que no sabemos bien cuáles son los caminos para la libertad, pero que todavía soñamos con construirlos y hacerlos volar en pedazos una vez contaminados por el aburrimiento y la muerte. Hacia nosotros y a través de nosotros, viene este que sentimos tan honesto, este que sentimos de los nuestros, este que nos canta de la manera en que hemos sentido rabia, pena y esperanza.

este artículo tiene 2 comments. haz tu comentario aquí.

  1. ricardo

    valpo lo hizo, chinoy la lleva

    27 May 09 at 1:59 pm #
  2. tal cual
    Algo esta ocurriendo con Él
    algo que esta escrito
    se viene compadre, valla que si

    05 Jun 09 at 3:26 am #

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